martes, 8 de diciembre de 2020

Trascender

Hace unos días murió Diego Armando Maradona, tal vez uno de los mejores futbolistas del mundo, este hecho hizo revivir sus mejores momentos futbolísticos, sus mejores goles, su genialidad en la cancha; y a la vez recordar también su difícil historia personal, su entorno, sus excesos, su vida desordenada.

Como suele suceder cuando muere alguien y sobre todo si es famoso, se suceden en los medios y en las redes cantidad de expresiones en torno a su persona y a su partida, rescatando sus logros, sus mejores momentos, las anécdotas -muchas inéditas-; y entre esos mensajes hubo uno que llamó mi atención, no era nuevo, pero algunos lo recordaron y repitieron, atribuido a un humorista argentino: "Que me importa lo que hizo con su vida, me importa lo que hizo con la mía".


Esta frase podría tener muchas lecturas, por un lado la del apasionado por el fútbol, que disfrutó de su genialidad futbolística en sus mejores momentos, y que plantea rescatar al futbolista por encima de la persona, dejando de lado todo lo negativo; transmitiendo también la expresión de que no podemos juzgarlo por su vida personal, que en los famosos pasa a ser algo no tan privado.

Por otro lado, podría considerarse que es una mirada muy condescendiente, muy parcial, de alguna manera cargada de cierto fanatismo, que no toma en cuenta a la persona como un todo, que disocia al futbolista, al deportista, a la personalidad publica de la persona en su totalidad, que no importa como sea la persona, mientras sea bueno en lo que hace.

En medio de estas posturas seguramente habrá otras que ponderan diferentes aspectos; podríamos plantearnos ¿cuál es la nuestra?, aprovechar esta situación como una oportunidad para que podamos rescatar algunos elementos que nos ayuden a la reflexión.

Retomando la frase tal vez podamos aplicarla a nosotros mismos en nuestra relación con los demás, en nuestro ser y hacer; es decir cómo es nuestra vida, qué hacemos por nosotros y qué somos y hacemos para los demás 

Reflexión:

A partir de estos comentarios, podemos reflexionar en una doble mirada: hacia los demás y hacia nosotros mismos.

Hacia los demás:

    - ¿A qué personalidades admiramos? ¿Por qué?

    - ¿Los consideramos ejemplos de vida? ¿Por qué?

Hacia nosotros mismos

    - ¿Cuál es mi aporte concreto a la sociedad?

    - ¿Qué valores transmito con mi vida?

    - ¿Como me gustaría ser recordado? 

Nuestra vida de alguna manera impacta en la vida de aquellos a quienes nos vinculamos en forma directa o indirecta, por eso tratamos de ser y hacer lo mejor para nosotros y los demás.

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miércoles, 11 de noviembre de 2020

Límites y pandemia

Continuando las reflexiones sobre los límites, tal vez sea oportuno poner el foco en la situación que estamos viviendo en torno a la pandemia que afecta a la humanidad en este 2020, en relación a esta temática.

Tiempo de pandemia

Hace más de seis meses comenzaba este tiempo de pandemia, que inicialmente algunos anticiparon que sería largo, y cuando decían largo se referían a que no sería algunas semanas, sino algunos meses; aunque creo que en ese momento la mayoría no nos imaginábamos que iba a durar tanto. 

Pero sucedió, y ahora sabemos que se va a prolongar en el tiempo, aunque ya no sabemos cuánto tiempo más durará, cómo va a ser el final de este tiempo, y cuáles son las medias más adecuadas para cuidar la salud, la convivencia social y la economía; más allá que aún se oyen ciertas voces que niegan la realidad o que sostienen algunas teorías conspirativas más o menos creíbles, que en definitiva no cambian la situación real de pandemia que estamos viviendo 


 

Tiempos extraordinarios

Dando una mirada a la realidad y a la historia, no nos cabe duda de que estamos viviendo tiempos extraordinarios, que no nos imaginábamos ni pudimos prever razonablemente; que algunos, buscando alguna analogía, asimilan a la llamada gripe española de hace cien años.

Las reacciones de los gobiernos ante la pandemia han sido diferentes, desde los que tomaron acciones mínimas, para afectar lo menos posible las actividades sociales y económicas, pasando por los que tomaron medidas preventivas apelando a la responsabilidad de los ciudadanos, hasta los que tomaron medías drásticas de cuarentena y aislamiento social, afectando significativamente la vida económica y social, para evitar la propagación de la enfermedad y sus consecuencias.

Los resultados de estas medidas son tan variados que en general resulta difícil decir que una u otra estrategia ha resultado mejor que otra, porque también requiere situarnos en la realidad de cada país con sus características socio-culturales. Más allá de la discusión sobre si priorizar la salud o la economía, tal vez no se ha tenido tanto en cuenta el aspecto social.

Si miráramos en retrospectiva y nos situáramos por un momento en el tiempo previo a la pandemia -por ejemplo al principio del año 2019- y nos dijeran que en la mayoría de los países del mundo adoptarían las medidas que se han tomado en gran parte de los países del mundo, seguramente hubiéramos dicho que era imposible, y que las mismas iban a ser rechazadas por ir contra una serie de principios y garantías de los derechos de las personas.

Esto me trae a la memoria una afirmación que muy probablemente ya hemos escuchado y tal vez repetido: "Tiempos extraordinarios requieren medidas extraordinarias", o alguna expresión similar, de la que, si bien no conozco su origen, ha sido aplicada a los tiempos de guerra o de ciertas situaciones muy excepcionales, y tal vez hemos aplicado a alguna situación muy especial que nos ha tocado vivir -aun cuando no fuera tan extraordinaria como la actual-.

Evidentemente que las medidas extraordinarias adoptadas en estos tiempos extraordinarios de pandemia han generado limitaciones en muchos ámbitos de nuestra vida -algunos impuestos por los gobiernos y otros por nosotros mismos, para evitar el contagio-, que en todos los casos afectan a nuestra vida de manera diferente; y las reacciones ante estas medidas han sido también diversas: rechazo -con variados fundamentos-, indiferencia, acatamiento -por miedo, por convicción o por responsabilidad-.

Para reflexionar

Tenemos el desafío de afrontar estos límites de la mejor manera posible, para ello podemos plantearnos algunas preguntas:

- ¿Qué limites nos han afectado más en este tiempo?

- ¿Cómo hemos reaccionado ante estos límites?

- ¿Qué podemos hacer para superar el impacto de estos límites?

- ¿De qué manera podemos contribuir positivamente a nuestro entorno?

Tiempos extraordinarios requieren medidas extraordinarias, y a la vez nos desafían a dar respuestas extraordinarias a las mismas para poder superar este tiempo de la mejor manera posible.

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jueves, 22 de octubre de 2020

Limites y sociedad

Dando una mirada más al tema de los límites, luego de dar un abordaje más personal y otro respecto a la educación, la propuesta de esta nota es reflexionar sobre los límites en el ámbito social en sentido amplio, completando de esa manera las reflexiones desde lo particular a lo general a la que hice referencia en la primera nota sobre el tema.

Una perspectiva más amplia

Muy probablemente hemos escuchado e incluso repetido la afirmación: "Nuestros derechos terminan donde comienzan los de los demás", o alguna de sus variantes, con la que expresamos que hay límites al ejercicio de nuestra libertad, que tienen que ver justamente con la libertad de los demás, y en definitiva con la convivencia social.

Dentro de esas limitaciones, nos encontramos con normas escritas y también con normas no escritas, tradiciones, usos y costumbres, que llegan a tener una validez similar en el contexto social; cuyo objetivo es -o debería ser- contribuir a un mejor funcionamiento de la sociedad, teniendo en cuenta como criterios claves: la justicia, el bien común y la protección a los más débiles.

Puede sucedernos que nos planteemos la razonabilidad de las normas o su necesidad, cuando percibimos que las mismas nos afectan, lo cual puede ser entendible, en la medida en que en este cuestionamiento no primen los intereses particulares, sino los criterios mencionados.

Es cierto que muchas veces estas limitaciones están teñidas de sesgos de autoritarismo, en aspectos ideológicos o inclusive en lo que se ha dado en denominar lo "políticamente correcto" -que también tiene un sesgo ideológico-; estas situaciones distorsionan el sentido de los límites como contribución al mejor funcionamiento de la sociedad.


 

Aspectos a tener en cuenta

En este tema de los límites, al menos en mi caso, surge mi espíritu rebelde, que me lleva a cuestionarlos, y para orientar ese cuestionamiento, tal vez podamos enriquecer esos criterios claves con tres aspectos, que pueden contribuir a clarificar nuestra visión:

- el ejercicio de la libertad, está asociada a la responsabilidad, es decir debemos ejercer la libertad con responsabilidad, sobre todo frente a los demás y a nuestra "casa común"

- los derechos implican a la vez deberes, que contribuyen al equilibrio en la sociedad

- nuestras acciones en todos los ámbitos deben estar guiadas por el amor y el respeto a los demás.

Tal vez estos apectos puedan ayudarnos a discernir nuestra mirada y nuestra posición ante las limitaciones, y servir de orientación para el cuestionamiento y la aceptación.

Para reflexionar

Podemos plantearnos algunas preguntas:

- ¿Cuál es nuestra actitud ante los límite de la sociedad?

- ¿Qué criterios guían nuestras acciones ante esos límites?

- ¿Cómo podemos contribuir a nuestro entorno en este sentido?

Puede sonar como un contrasentido hablar de los límites y una mirada más amplia, pero deja de serlo si esa mirada está inspirada en la justicia, el bien común y la protección a los más débiles, y sostenida por una libertad ejercida con responsabilidad y bajo la guía del amor y el respeto a los demás.

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lunes, 12 de octubre de 2020

Los límites y la educación

Continuando con el desarrollo del tema de los límites, luego de enriquecer la mirada al tema desde lo personal, la propuesta es continuar profundizando un poco más, dándole una vuelta más al tema en este camino de lo particular a lo general; la idea es dar un paso más ampliando la mirada a aquello que experimentamos como límites, pero que no provienen de nosotros mismos.

La educación

Hace algún tiempo en una nota sobre la educación, hacía referencia a la etimología  del término "educar", que viene del latín, y hace referencia al prefijo "ex", que significa sacar de, extraer, y del verbo "ducere", que significa conducir, en el sentido que la educación apunta a sacar desde dentro lo mejor que hay en cada persona.

Partiendo de este concepto de educar, queda planteado claramente el desafío del educador, tal vez podamos complementar ese desafío con algunos aspectos planteados en otra nota sobre la educación, en el sentido de: educar personas libres, con valores, que puedan tener criterios propios de decisión, inspirados por el amor y el respeto; un amor desinteresado y el respeto a la forma de ser, originalidad, individualidad, características personales, decisiones.

La referencia a estos aspectos, nos permite situarnos para comprender el sentido de los límites en el proceso educativo, por un lado en cuanto al rol y a la tarea del educador, respecto al marco de referencia en que se desempeña, y por otro respecto de los educandos.


Los límites

Desde esta perspectiva en el rol del educador -tal vez comenzando con los primeros y principales educadores que somos los padres-, podemos decir que en la medida en que los límites permitan generar un espacio para actuar con independencia y libertad, pueden contribuir en el proceso de educación, para conducir y en caminar el proceso y a los educandos.

Para eso es necesario que sean identificados con razonabilidad y precisión, definidos con fundamentos claros, comunicados y puestos en práctica oportuna y adecuadamente, esto último también implica evaluar el impacto de los mismos en los educandos y estar dispuestos a revisarlos y modificarlos si fuera necesario, para que contribuyan al objetivo.

En cuanto a los educandos, partiendo del supuesto que de parte de los educadores se tengan en cuenta los aspectos mencionados, pese a que inicialmente los límites pueden generar una situación de rechazo, de rebeldía -sobre todos en algunos que tenemos una mayor tendencia en ese sentido-, en la medida en que logren captar el sentido de los mismos, les servirán como un marco de referencia para su desarrollo, por una parte como ejercicio de aceptación de los propios límites, y también de los límites en el ámbito social -a los que me voy a referir en una próxima nota-.

Teniendo en cuenta estos aspectos, los límites pueden permitir el crecimiento a través del proceso educativo, orientando, encaminando, conduciendo, facilitando el desarrollo de las capacidades; de otra manera pueden dificultar e impedir ese proceso.

Para reflexionar

¿Los límites contribuyen al proceso educativo? ¿Por qué?

Cómo educadores:

- ¿Cómo identificamos, definimos, comunicamos y aplicamos los límites?

- ¿Qué criterios nos guían?

Como educandos:

- ¿Cómo nos sentimos ante los límites?

- ¿En qué nos ayudan o dificultan?

Identificar, definir, comunicar, poner en práctica los límites, es uno de los desafíos de los educadores, para contribuir a un proceso educativo efectivo, siempre guiados por el amor y el respeto a los educandos.

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lunes, 5 de octubre de 2020

Nuestros propios límites

Luego de reflexionar en torno a algunas preguntas disparadoras sobre el significado de los límites, las sensaciones y actitudes en torno a ellos, nuestras reacciones, su impacto en nuestra vida; les propongo adentrarnos en el tema para analizarlo desde diferentes perspectivas, comenzando desde lo particular para avanzar a lo más general; en ese sentido el primer paso será avanzar desde un enfoque personal, para luego ir ampliando la mirada.

Una mirada personal

Desde la perspectiva personal, en una primera aproximación al tema, podemos entender los límites como aquellos que están dados por nuestras capacidades reales o percibidas de pensar, expresar o hacer algo; y digo reales o percibidas, porque muchas veces nos autoimponemos algunos límites, que no son reales, pero los percibimos así, y eso nos de alguna manera nos limita.

Puede sucedernos que esos límites tengan como fuente no sólo nuestra propia reflexión, nuestra experiencia y el autoconocimiento, sino también las opiniones que recibimos de los demás en forma directa o indirecta, con buenas intenciones o no tanto, pero que inciden en la percepción de nuestros propios límites, en la medida en que las aceptemos sin un juicio crítico, y una contratación con nuestra realidad.


Por otra parte y en relación con nuestros límites, también solemos aplicarlo a aquellas situaciones que nos llevan al límite de nuestras capacidades o posibilidades, que de alguna manera nos superan, sea por la magnitud de las mismas, por su intensidad o duración; en esto también vemos reflejados nuestros limites.

Conocer nuestras capacidades y nuestros límites reales, en los diferentes ámbitos de nuestra vida -entre otros: físicos, intelectuales, culturales, espirituales, afectivos, sociales-; y tener una clara percepción de los mismos, nos posibilita ser conscientes de lo que podemos hacer y de lo que no podemos hacer.

De esa manera nos permitirá concentrarnos en hacer bien lo que podemos hacer, y a la vez ante esa diversidad de límites que tenemos, plantearnos sinceramente en qué medida podemos superarlos o no. En el primer caso para ponernos en camino y tomar acciones concretas que nos permitan superarlos y dejen de ser un límite, para convertirse en capacidades; y en el segundo, para asumirlos como tales, como parte de nuestra realidad.

Esto último me recuerda a esa oración que dice: Dios, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que puedo cambiar y sabiduría para entender la diferencia.

Para reflexionar

A modo de reflexión podemos plantearnos desde un punto de vista personal:

- ¿Cuáles son nuestras capacidades y límites en los diferentes ámbitos de nuestra vida?

- ¿Cómo podemos potenciar nuestras capacidades?

- ¿En qué nos ayudan nuestros límites?

- ¿Qué límites podemos superar? ¿Cómo podemos hacerlo?

- ¿Qué podemos hacer para asumir nuestros propios límites?

El conocimiento de nuestras capacidades y limites, asumirlos como tales y proponernos superarlos -en la medida que sea posible-, forma parte fundamental de nuestro crecimiento personal.

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