domingo, 25 de julio de 2021

Compartir

Ya hace algo más de tres años desde que realicé mi primera publicación en el blog, con la idea de compartir notas, reflexiones, pensamientos, desde la vida y para la vida, sin atarme a nada metodológico, ni científico, tratando de hacer un aporte a partir de cada publicación.

Después de haber realizado más de 100 publicaciones, aún sigo intentando mantener una frecuencia más regular en las mismas; a pesar de que trato de que sean semanales no siempre lo logro, pero continúo en el camino, en la certeza de que lo perfecto es enemigo de lo bueno.

Cada publicación surge a partir de situaciones o acontecimientos que suceden, o de comentarios, análisis, reflexiones o frases que me llegan, y que me inspiran a escribir y compartir mi punto de vista, con el objetivo de contribuir como un disparador para la reflexión, que también pueda llevarnos a la acción.

En este sentido, durante 2020, la pandemia y el manejo de la información fueron los temas que me inspiraron para la mayoría de las publicaciones; pero sobre todo con una mirada positiva, identificando las oportunidades y desafíos que nos plantean, y cómo aprovechar para crecer.

En este tiempo se ha dado un interesante proceso de compartir de ida y vuelta que ha sido muy enriquecedor a partir de los comentarios, sugerencias y aportes que he recibido no sólo en el blog, sino también en forma directa, y por supuesto del intercambio generado posteriormente, que ha sido muy valioso.

Ese intercambio ha constituido un invalorable aporte de elementos que han contribuido a generar una corriente interesante que se refleja entre otras cosas concretas: en nuevas publicaciones como continuidad de las ya efectuadas, incorporando enfoques o temas nuevos; y también a mejorar las publicaciones, su presentación y su difusión, incluyendo la última novedad del podcast.

Pero más allá de estos aspectos más tangibles y concretos, con seguridad la mayor riqueza de este compartir radica en el impacto que ha tenido en los vínculos, profundizando y revitalizando vínculos existentes, y a la vez generando nuevos vínculos a partir de este intercambio.

En este proceso el elemento fundamental ha sido la apertura, para compartir, para intercambiar, tomando las reflexiones y los comentarios como un aporte que sugiere, que construye, que tiene el objetivo de contribuir a algo mejor, dejando siempre abierto el debate, el intercambio, para darle una vuelta más a cada tema, y enriquecernos mutuamente.

Compartir, intercambio que enriquece, que construye, fortaleciendo los vínculos.

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Podés escuchar el podcast de esta publicación en:  

https://anchor.fm/antonioperalta

domingo, 11 de julio de 2021

Liberación

Hace unos días mi smartphone dejó de funcionar sin previo aviso, por motivos que desconozco tuvo un problema en el puerto de carga (o algo así), razón por la cual mientras lo reparaban estuve tres días sin este dispositivo tan útil en nuestro día a día.

Debo reconocer que aunque tuve la opción de utilizar un equipo alternativo que me facilitaron, el tener que configurarlo -en principio por un día que terminaron siendo tres- no me resultaba muy atractivo, por lo decidí aguardar la reparación.

Simultáneamente al desperfecto mencionado, tuve algunos inconvenientes con mi notebook, por lo que por un momento sentí como que estaba peleado con la tecnología; afortunadamente estos inconvenientes se solucionaron rápidamente y se disipó esa sensación.

Esta fue una buena oportunidad para reflexionar, o más bien continuar reflexionando sobre el tema de la tecnología, la comunicación y los vínculos en este tiempo que vivimos, a partir de esta experiencia, que tuvo, como sucede generalmente aspectos positivos y también algunos desafíos.

Entre los aspectos positivos, me parece importante destacar:

- la sensación de liberación, en primer lugar física, al no llevar el smartphone conmigo al ir de un lugar a otro, y también en el sentido que no había mensajes que tener que responder; sólo la mensajería que llega a la computadora, mientras estaba frente a esta;

- menor dispersión, al no tener el celular a mano, no tenía la posibilidad de distraerme en cualquier momento revisando la mensajería, el e-mail, las redes sociales, y poder concentrarme más en el presente;

- más presencia, mejor comunicación, a partir de una mayor concentración, mi presencia fue más efectiva en lo que estaba haciendo, y con ella mejor la comunicación con mis interlocutores;

- formas alternativas de comunicación, tomaron más fuerza algunas formas tradicionales de comunicación, con el contacto físico, el teléfono fijo, y también algunas otras mensajerías no dependientes del smartphone.

Entre los desafíos, podría mencionar:

- menor disponibilidad, claramente estos días estuve menos disponible, muchos trataron de contactar conmigo y no obtuvieron respuesta, sobre todo quienes no tenían forma de hacerlo de otra manera, a tal punto que hubo quienes se preocuparon al no tener respuesta, y yo no tenía forma de avisar que estaba bien que era sólo un problema técnico;

- acceso a los contactos, me fue difícil poder contactar con algunas personas, ya que sus contactos sólo los tenía en el smartphone, y no había tomado la precaución de tenerlos disponibles en otro medio.

La tecnología nos facilita la comunicación, aunque puede generarnos alguna dependencia, que nos desafía a buscar alternativas.

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domingo, 4 de julio de 2021

Recomenzando

Al inicio de la segunda mitad de este año, me dispongo a recomenzar las publicaciones en el blog, como diría la canción 'después de larga ausencia'; casi dos meses sin publicaciones, precedido por varios meses con publicaciones más espaciadas que una semana, como es mi propósito hacerlo.

Este último tiempo ha estado marcado por la pandemia, que finalmente afectó a nuestra familia -los que vivimos en Paraguay, nuestros tres hijos más chicos, mi esposa y yo-; afortunadamente ya estamos superándola después de algunos días de internación, y de una larga recuperación en casa.

En este propósito de tratar de escribir y darle una frecuencia semanal a las publicaciones, que estoy procurando lograr desde hace unos años, sucede algo similar a los propósitos que podemos asumir en diferentes ámbitos de la vida.

Cada vez que asumimos algún propósito o resolución, estos responden al anhelo de crecimiento en algún aspecto, ya sea en lo personal, en lo familiar, en lo laboral o en lo comunitario, a algún objetivo que nos proponemos conseguir y que sabemos que requiere un esfuerzo significativo, y de esa manera tratamos asegurar el logro del mismo.


De hecho, el trabajar con propósitos nos ayuda en ese camino de crecimiento, porque nos permite ir dando un seguimiento periódico, ir evaluando nuestra evolución, sean avances, estancamientos o retrocesos; pero más allá de eso, nos permite ir construyendo ese camino, paso a paso con todas las dificultades que conlleva.

En ese proceso, muchas veces vamos rectificando el rumbo, y es importante tener en cuenta que lo que a primera vista parece un retroceso, en realidad puede significar la posibilidad para rectificar o retomar el rumbo con más fuerza; como solemos decir, no importa cuantas veces caigas, sino cuántas te volvés a levantar, es decir, no importa cuántas veces nos apartemos de nuestros propósitos, lo importante es volver a retomarlos con más fuerza, tal vez reformulándolos.

Por eso, cada vez que nos apartamos de nuestros propósitos -por el motivo que fuera-, si sabemos y podemos retomar el camino, puede constituirse en una oportunidad para recomenzar con más fuerza, para volver a comprometernos, para poder dar pasos más firmes de crecimiento.

Tal vez puede ser un buen momento, al llegar a la mitad del año, para revisar nuestros propósitos y resoluciones que nos planteamos para este año, para ver cómo estamos, y si es necesario reformularlos o asumirlos con más fuerza para el resto del año, como una manera de recomenzar.

Recomenzar, el anhelo y el compromiso de crecer nos impulsa a volver a asumir los desafíos cada vez con más fuerza.

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Podés escuchar el podcast de esta publicación en:  

https://anchor.fm/antonioperalta