La paternidad es un gran regalo y a la vez una misión y una tarea,
y esta tiene que ver con despertar la vida en los hijos, educarlos y
acompañarlos en su caminar por la vida.
En ese sentido nuestra responsabilidad es asumir el desafío de la
educación de los hijos, como los primeros y principales educadores, y esto no
es una frase hecha, o un eslogan, sino es parte de nuestra misión como padres;
responsabilidad que no podemos delegar, aunque en el camino tengamos muchos
colaboradores que nos apoyan en esta tarea.
Y en esto de educar a los hijos, los padres somos educados
también, por un lado, porque para educar debemos primero educarnos a nosotros
mismos, ya que la principal educación pasa por lo que les transmitimos a
nuestros hijos, no con las palabras sino con el ejemplo. Los hijos aprenden lo
que ven.
La realidad es que también somos educados por nuestros hijos al
vernos reflejados en actitudes o en comportamientos que han aprendido de
nosotros sin que nos diéramos cuenta, y al verlos reflejados en ellos, vemos
que tenemos que cambiar algo en nosotros.
En nuestro caso, que hemos tenido cinco hijos, con bastante
diferencia de edad, también hemos ido aprendiendo en el camino, aprendiendo de
la vida, aprendiendo de nuestros errores; al punto que nuestros hijos mayores
dicen que nosotros fuimos experimentando con ellos y aprendiendo -y es cierto-
y vamos aplicando lo aprendido con los hijos más chicos; con los que también seguimos aprendiendo y mucho, en un largo proceso de educación.
El desafío es poder educar a nuestros hijos para que sean personas
libres, con valores, que puedan tener criterios propios de decisión. En el
camino de la vida algunas cosas las van asumiendo como propias, y también van
incorporando sus propios criterios y estilos de hacer las cosas, y por supuesto
a ellos les toca tomar sus propias decisiones, y en ese ejercicio de la
libertad nos toca acompañaros en esas decisiones, que son parte de su vida.
Algo fundamental en esto de educar a los hijos, es hacerlo guiados
e inspirados por el amor y el respeto. Lo que nos mueve, es el amor, un amor
desinteresado; y a la vez el respeto a cada hijo, a su forma de ser, a su
originalidad, a su individualidad, a sus características personales, a sus decisiones.
Educar a nuestros hijos es encender la vida desde la vida,
brindarnos a ellos con todo lo que somos y tenemos, también con nuestras
limitaciones.
lmdp-ap-180219

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