Continuando
con el desarrollo del tema de los límites, luego de enriquecer la mirada al tema desde lo personal, la propuesta es continuar
profundizando un poco más, dándole una vuelta más al tema en este camino de lo particular a lo general; la idea es dar un paso más ampliando la mirada a aquello que experimentamos como límites, pero que no provienen de nosotros mismos.
Hace algún tiempo en una nota sobre la educación, hacía referencia a la etimología del término "educar", que viene del latín, y hace referencia al prefijo "ex", que significa sacar de, extraer, y del verbo "ducere", que significa conducir, en el sentido que la educación apunta a sacar desde dentro lo mejor que hay en cada persona.
Partiendo de este concepto de educar, queda planteado claramente el desafío del educador, tal vez podamos complementar ese desafío con algunos aspectos planteados en otra nota sobre la educación, en el sentido de: educar personas libres, con valores, que puedan tener criterios propios de decisión, inspirados por el amor y el respeto; un amor desinteresado y el respeto a la forma de ser, originalidad, individualidad, características personales, decisiones.
La referencia a estos aspectos, nos permite situarnos para comprender el sentido de los límites en el proceso educativo, por un lado en cuanto al rol y a la tarea del educador, respecto al marco de referencia en que se desempeña, y por otro respecto de los educandos.
Los límites
Desde esta perspectiva en el rol del educador -tal vez comenzando con los primeros y principales educadores que somos los padres-, podemos decir que en la medida en que los límites permitan generar un espacio para actuar con independencia y libertad, pueden contribuir en el proceso de educación, para conducir y en caminar el proceso y a los educandos.
Para eso es necesario que sean identificados con razonabilidad y precisión, definidos con fundamentos claros, comunicados y puestos en práctica oportuna y adecuadamente, esto último también implica evaluar el impacto de los mismos en los educandos y estar dispuestos a revisarlos y modificarlos si fuera necesario, para que contribuyan al objetivo.
En cuanto a los educandos, partiendo del supuesto que de parte de los educadores se tengan en cuenta los aspectos mencionados, pese a que inicialmente los límites pueden generar una situación de rechazo, de rebeldía -sobre todos en algunos que tenemos una mayor tendencia en ese sentido-, en la medida en que logren captar el sentido de los mismos, les servirán como un marco de referencia para su desarrollo, por una parte como ejercicio de aceptación de los propios límites, y también de los límites en el ámbito social -a los que me voy a referir en una próxima nota-.
Teniendo en cuenta estos aspectos, los límites pueden permitir el crecimiento a través del proceso educativo, orientando, encaminando, conduciendo, facilitando el desarrollo de las capacidades; de otra manera pueden dificultar e impedir ese proceso.
Para reflexionar¿Los límites contribuyen al proceso educativo? ¿Por qué?
Cómo educadores:
- ¿Cómo identificamos, definimos, comunicamos y aplicamos los límites?
- ¿Qué criterios nos guían?
Como educandos:
- ¿Cómo nos sentimos ante los límites?
- ¿En qué nos ayudan o dificultan?
Identificar,
definir, comunicar, poner en práctica los límites, es uno de los
desafíos de los educadores, para contribuir a un proceso educativo
efectivo, siempre guiados por el amor y el respeto a los educandos.

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