En el
desarrollo de los equipos de trabajo, hay muchos aspectos importantes, algunos
de los cuales he ido desarrollando en varias de mis notas sobre la formación del equipo; avanzando en esa
temática voy a puntualizar sobre la evaluación.
Al respecto
en notas anteriores ya abordé el tema de la evaluación entendida como evaluación del proceso de decisión y los
resultados de la ejecución de lo decidido; y también desde una perspectiva más personal, al estilo de
una autoevaluación al cierre de un período o etapa.
Complementando
las mismas, en esta oportunidad pretendo hacer algunos aportes en lo relativo a
la evaluación de las personas o los equipos de trabajo; y en ese sentido cabe
destacar lo ya comentado en cuanto a la autoevaluación, que en realidad debería
ser un punto de partida, que se complementa con la evaluación externa respecto
de la cual voy a señalar algunos aspectos a tener en cuenta para la misma.
Un punto de
partida bastante obvio es que para poder evaluar, previamente tienen que
haberse establecido qué se va a evaluar; es decir deben haberse definido
objetivos, metas, actividades, que permitan tener una materia sobre la que
hacer la evaluación, y estas deben estar suficientemente claras para evaluado y
evaluador.
Esto permite
dar un marco más objetivo a la evaluación, si bien es cierto que esa
objetividad será mayor en la medida en que haya más aspectos cuantitativos que
cualitativos; hay que tener en cuenta que en algunos casos es más difícil
establecer aspectos cuantitativos, dependiendo de lo que se esté evaluando, y
allí se requerirá un mayor criterio del evaluador en la búsqueda de la mayor
objetividad posible.
Hay que tener
en cuenta que la evaluación tiene que ser oportuna, es decir que tiene que ser
cercana en el tiempo al cual se deberían haber cumplido los objetivos, metas,
actividades; a fin de que sirva tanto al efecto de valorar lo realizado, como
también para poder determinar acciones a partir de la evaluación, que puedan
aplicarse, esto facilita también el seguimiento posterior.
A la hora de
la evaluación es importante señalar dos actitudes esenciales para su
efectividad:
- apertura
tanto del evaluado como del evaluador, que permite generar un espacio de
intercambio y enriquecimiento mutuo, con el aporte y la receptividad de ambos,
- anhelo
de que el otro crezca, principalmente de parte del evaluador, en el sentido de
que los aspectos que se evalúan y en la forma que se evalúan, tengan como
finalidad el crecimiento del evaluado, aún cuando haya aspectos negativos o a
corregir.
Un aspecto
clave en todo este proceso, es la habilidad para saber comunicar tanto en el
evaluado como en el evaluador, para poder establecer una comunicación efectiva,
que permita realizar una evaluación que constituya un aporte constructivo para
el desarrollo de las personas, los equipos y la organización.
La
evaluación, una oportunidad para valorar lo realizado y a quienes lo han
realizado.
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