lunes, 14 de octubre de 2019

Compartiendo la vida - Al instante

En nuestra vida cotidiana pareciera que vivimos al instante, en la inmediatez, da la impresión de que no podemos esperar, que todo tiene que darse ahora, en este momento, sin demoras; de alguna manera es como que el tiempo nos apremia, es como si perdiéramos la paciencia.

Desde algún punto de vista esta publicación está relacionada con varias de las ya publicadas sobre temas asociados a la tecnología, y cómo ésta nos afecta en nuestra vida cotidiana, en nuestra forma de vincularnos con las personas y con las cosas, en nuestra forma de actuar; y también en los desafíos que nos plantea.

Tal vez una muestra de este vivir al instante y en la inmediatez, se pone de manifiesto en nuestra actividad en las diferentes aplicaciones de mensajería instantánea en las que interactuamos cotidianamente; convirtiéndose de alguna manera en nuestra principal forma de comunicarnos.

Y en esa inmediatez de la mensajería instantánea, a veces podemos tener la sensación de que no me leyó, o me dejó en visto y no me respondió; y damos por entendido que ya comunicamos, pero finalmente no se concretó la comunicación.

Claramente podemos identificar un sinnúmero de oportunidades relacionadas con estas aplicaciones, ya que nos proporcionan una comunicación rápida, que puede manifestarse en mensajes escritos y de voz, en imágenes, fotos y videos, y en otras expresiones creativas que se multiplican a cada momento (emojis, memes, stickers).

También nos proporcionan la posibilidad de comunicarnos en grupos más o menos estables, que se multiplican en nuestros diferentes ámbitos familiares, laborales, sociales, culturales, religiosos, de amigos; a través de los cuales no sólo compartimos actividades, inquietudes, sentimientos, sino también sirven como plataforma de difusión de ideas y conocimientos, y también como una importante herramienta de trabajo.

Por otra parte, a la par de estas oportunidades y que pueden contribuir en nuestro día a día, también se presentan algunos desafíos que nos plantean estas aplicaciones, a los que debemos estar atentos, para dar respuesta a los mismos, de manera que no nos afecten negativamente en nuestra vida cotidiana.

Algunos de esos desafíos están relacionados con la despersonalización de esta comunicación muy centrada en la tecnología, que adicionalmente puede llevarnos a malos entendidos por la carga emocional con la que se reciben las comunicaciones, dando lugar a interpretaciones no adecuadas entre quien envía y el receptor.

Tal vez otro de los desafíos puede estar relacionado con el hecho de que no todos los temas pueden abordarse de esta manera, ya que hay temas que requieren un tratamiento más personalizado, más cercano, más reservado; y podemos agregar a esto el desafío de poder hacer un adecuado seguimiento a la cantidad de mensajes que recibimos de la variedad de grupos en los que participamos, y que a veces puede darnos la impresión de que nos abruma, que nos obliga a responder, a comunicarnos, afectando de alguna manera nuestra libertad.

El ritmo de vida actual nos lleva a vivir al instante y a la vez nos desafía a superar la inmediatez.

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lunes, 7 de octubre de 2019

Compartiendo la vida - Bien común

Hace algún tiempo compartí algunas reflexiones sobre el compromiso social poniendo el acento en algunas manifestaciones cotidianas concretas, tales como compartir los talentos, solidaridad y compromiso con el futuro.

Esas manifestaciones de compromiso social, identificadas a modo de ejemplo, son un punto de partida de muchas más, que tienen como objetivo servir al bien común; y este el tema sobre el que quiero compartir algunas reflexiones en esta oportunidad.

Al hablar de bien común me refiero a aquel que permite a todos y a cada uno el logro del mayor bienestar en los diferentes ámbitos de la vida; que plantea como uno de los grandes desafíos, el ejercicio de lograr el justo equilibrio entre el bienestar individual y el bienestar comunitario, y también la capacidad de conjugar ambos ámbitos.

Todos somos responsables de ese bien común, que muchas veces vemos lejos de nosotros mismos y de nuestro ámbito de actuación, de tal manera que pareciera que nadie es responsable; eso me recuerda a un relato que hace referencia a esta situación, que escuché desde mi infancia, como un llamado a la responsabilidad por las cosas comunes, y que comparto a continuación:

Había que hacer un trabajo importante y TODOS estaban seguros que ALGUIEN lo iba a hacer. CUALQUIERA lo podría haber hecho, pero NADIE lo hizo. ALGUIEN se enojó por esto, porque era el trabajo de TODOS. Cada uno pensó que CUALQUIERA lo podía hacer, pero NADIE se enteró de que TODOS no lo iban a hacer. TODOS culparon a ALGUIEN, cuando NADIE hizo lo que CUALQUIERA podría haber hecho. 

Si queremos ponernos en acción, podemos identificar algunos desafíos que se nos presentan en la búsqueda del bien común y la lista puede ser muy larga; lo cual nos enfrenta a la magnitud de la tarea, que no debe inmovilizarnos, sino más bien permitirnos identificar por dónde comenzar, a partir de aspectos concretos en los que esté a nuestro alcance hacer algo.

Haciendo el ejercicio de identificar parte de esa larga lista, podemos incluir algunos temas como: cuidado de los recursos naturales, pobreza y exclusión, falta de oportunidades de todo tipo, enfermedades sin tratamientos accesibles, discriminación; por mencionar los que surgen casi espontáneamente, y que pueden ayudarnos a poner el foco.

Necesitamos pasar del discurso -que muchas veces incluye el lamento, la queja, la búsqueda de culpables- al compromiso concreto, que nos lleva a la acción, que haga la diferencia, que vaya más allá de las modas o el marketing; y que implica que tengamos en cuenta algunas actitudes a cultivar, para poder avanzar.

Entre esas actitudes podemos mencionar:

Apertura: para poder ver más allá de nosotros mismos, de nuestra realidad; tratando de comprender la realidad y las situaciones de los demás, su forma de pensar y de actuar.

Solidaridad: para comprometernos con los desafíos que nos presenta la realidad, abriéndonos a las necesidades de los demás y de la comunidad; como punto de partida que nos lleva a la acción.

Creatividad: para poder generar soluciones nuevas, originales a estas situaciones que reclaman nuestra acción; a fin de poder ser efectivos en nuestra respuesta.

Somos responsables por la construcción de un mundo mejor, nos toca aportar nuestro granito de arena con apertura, solidaridad, creatividad.

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martes, 1 de octubre de 2019

Compartiendo la vida - Familia de Familias


Como matrimonio, y también como familia compartimos la experiencia de ser parte de una comunidad de matrimonios que queremos construir familia desde nuestra propia familia.

Hace más de 20 años que, con todo el empuje de nuestra juventud -tal vez sin ser totalmente conscientes del camino que emprendimos-, con coraje y audacia, con muchos anhelos e ilusiones, comenzamos este hermoso camino, en el que fuimos aprendiendo cuánto teníamos por recorrer, y por sobre todo que eso dependía de nosotros.


Hemos venido avanzando paso a paso, no sin dificultades, creciendo cada día o al menos haciendo el esfuerzo por lograrlo; fortaleciéndonos y enriqueciéndonos con la vida y el testimonio de cada matrimonio y cada familia, tratando de poner lo mejor de nosotros; en un camino que no concluye, en el que tenemos mucho para seguir creciendo.


En este tiempo hemos ido creciendo en forma gradual, en todas las dimensiones; partiendo desde lo personal, a partir de la experiencia de sentirnos hijos, no sólo hijos de Dios y de la Virgen María -nuestra gran aliada-, sino también experimentando ser hijos dentro de la comunidad; y esto nos da seguridad, nos hace crecer y transformarnos, nos capacita para salir de nosotros mismos.


En ese camino, nuestro yo fue dando lugar al nosotros, para crecer en nuestra vida matrimonial, en nuestro proyecto común, aprendiendo a superar las dificultades de cada día, descubriendo siempre lo mejor en nuestro cónyuge, que nos enriquece y nos permite hacernos felices mutuamente; sabiendo con contamos con la gracia de Dios en nuestro matrimonio, que nos sostiene y nos impulsa a vivir el amor en plenitud.


A partir de nuestro amor conyugal, aprendimos a construir nuestra comunidad de vida y de amor, que se plenifica y hace fecunda con el maravilloso regalo de los hijos, que nos hace familia y nos permite experimentar un aprendizaje cotidiano, enriqueciéndonos en la experiencia de aprender a ser padres; buscando encender en nuestros hijos la vida, a partir de las vivencias compartidas.


Nos empeñamos en hacer concreta la construcción de la comunidad, experimentando el ser hijos, y también el ser padres y hermanos; cultivando nuestra vinculación con Dios y la Virgen María, entre nosotros, con los demás, y también construyendo un vínculo sano con la naturaleza, el trabajo, los bienes. 

En este camino nos sostiene la comunidad de matrimonios, con quienes compartimos nuestros ideales y nos sentimos familia; en primer lugar, con nuestra pequeña comunidad de matrimonios, nuestros compañeros en esta aventura, en esto de construir familia y de hacerlo lo mejor posible a pesar de nuestras limitaciones.


Esa experiencia de familia, la vivimos con los matrimonios de la comunidad más grande y también como una extensión de esa gran familia, con los matrimonios de la comunidad internacional; superando las barreras del idioma y la cultura, porque compartimos y vibramos por un mismo ideal.


Cada vez que tenemos la oportunidad de compartir acontecimientos, experiencias y vivencias, revivimos este ser parte de una gran familia de familias, que nos ayuda a vivir el ideal de la comunidad.


Una familia de familias, con la que queremos construir familia desde nuestra familia.


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