miércoles, 29 de abril de 2020

La cultura

En este tiempo de pandemia, en que nos quedamos en casa mientras nos debatimos entre el aislamiento y el cultivo de los vínculos, en como afrontar esta crisis sabiendo identificar las oportunidades, asumir el cuidado y ser protagonistas del cambio que se viene en busca de una nueva normalidad; todo esto me hace pensar en la cultura en la que estamos viviendo.

Al hablar de cultura, que tiene que ver con cultivo, nos referimos a un modo de vida y costumbres, una forma peculiar de pensar, sentir y obrar, al cultivo de la relación con la naturaleza, con los demás, con uno mismo y con Dios; que también comprende las manifestaciones artísticas, símbolos, realizaciones, lenguaje. 

La cultura se trasmite, cam­bia y evoluciona en el tiempo, está en constante transformación; nos referimos a la cultura de un determinado lugar, de una época, y a determinadas características de la cultura.

Podemos aprovechar este tiempo para dar una mirada retrospectiva a unas semanas atrás, a unos meses atrás, al tiempo anterior al inicio de la pandemia, y tratar de identificar las características de la cultura en la que vivíamos; tal vez podamos señalar muchos aspectos, la clave es poder llegar a los más importantes, a los que marcan los rasgos más salientes y definen esa cultura.

Esto tal vez nos permita tomar la distancia suficiente, para poder identificar también los valores y los antivalores de esa cultura en la que vivíamos; tarea nada fácil pero que nos puede llevar a plantearnos en qué medida éramos protagonistas activos de esa cultura, o simplemente nos dejamos llevar por una cultura que muchas veces nos envuelve y nos deja sin capacidad de reacción.

A partir de esa mirada crítica, podemos plantearnos profundamente cuál es la cultura que queremos construir en este tiempo, a la salida de esta pandemia, cuál es ese modo de vida, cuáles son las costumbres que queremos cultivar, cuál es la forma de pensar, sentir y obrar que queremos que nos guíe, cómo queremos que sean nuestros vínculos en los diferentes ámbitos.

Pero este planteo, por más profundo que sea no puede quedar en el plano de las ideas, sino poder convertirse en acción; debemos compartirlo, para que pueda concretarse, para que pueda hacerse realidad una nueva cultura, y ese es uno de los grandes desafíos de este tiempo, de nuestro tiempo.

Estamos ante un tiempo de cambio, ante una oportunidad y un desafío de ser constructores de una nueva cultura, de un nuevo orden social.

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domingo, 26 de abril de 2020

El cuidado

Durante este tiempo de pandemia y aislamiento las autoridades sanitarias han puesto mucho énfasis en el cuidado, y recalcando la importancia de asumir lo que han llamado el "modo Covid-19", que incluye una serie de aspectos a tener en cuenta en nuestra vida diaria que justamente tienen que ver con la higiene y el cuidado para prevenir que esta pandemia siga expandiéndose y poder desarrollar nuestras actividades de manera más segura.

Como suele suceder ante cada situación que se plantea en el ámbito que sea, hay diferentes reacciones que dependen de muchos factores, en este caso también, y va desde quienes sostienen algunas teorías conspirativas lo cual los lleva a rechazar todo tipo de medidas, pasando por aquellos que creen que todas estas recomendaciones sanitarias son una manera de imposición y restricción a la libertad personal, los que valoran las medidas pero tratan de buscar alternativas para reducir el impacto económico, y en otro extremo los que las comprenden y asumen plenamente aun cuando les afecten en los personal, familiar y laboral, e inclusive hasta encuentran el lado positivo a las mismas.

No obstante estas diferentes reacciones que forman parte de nuestra realidad, es importante que más allá de la visión personal de cada uno, podamos poner por encima la mirada en el bien común, lo cual a veces no es tan fácil, pero en este caso tal vez sea mucho más crítico poder hacerlo, por el impacto que tiene.

El acento más importante que tienen todas estas medidas es el cuidado, el cuidado de la salud, de los espacios, y este cuidado debemos entenderlo no como que tenemos que cuidarnos del otro, de que el otro pueda contagiarme, ya que esa actitud genera temor, desconfianza, ver al otro como un enemigo, una amenaza, un peligro e impacta en las relaciones de nuestra vida comunitaria; sino como el cuidado que hago yo, no sólo por mi, sino por los demás, es decir tomo todas las medidas de cuidado, no sólo para cuidarme, sino para cuidar al otro, a los demás, para cuidar a la comunidad, en una actitud responsable, comprometida, solidaria.

Esta actitud de cuidado, de cuidar al otro, no tienen que restringirse sólo al ámbito sanitario, sino que también tienen que movilizarnos sobre todo al cuidado a los más vulnerables, a los mayores, a los que tienen alguna condición de salud que los expone a mayores riesgos, a los que no tienen acceso a la cobertura de las necesidades más básicas; y es un cuidado que no sólo tiene que ser pasivo, sino que tiene que llevarnos a la acción, tiene que concretarse en la práctica.

Asumimos las medidas de cuidado sanitario, para cuidarnos y para cuidar al otro, y lo hacemos con responsabilidad, compromiso, solidaridad.

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