Cuando
hablamos de tomar decisiones muchas veces pensamos en las más trascendentales;
pero podemos tener una visión mucho más amplia y abarcar también todas
aquellas situaciones que quizás tienen una dimensión menor, pero requieren que
tomemos decisiones.
Un aspecto
importante en este tema, y en lo que radica su complejidad, es que lo hacemos
en condiciones de incertidumbre, es decir no tenemos toda la información sobre
lo que sucederá en el futuro, y eso implica estar dispuestos a asumir un riesgo
determinado, que vamos a tratar de acotar a través del proceso de decisión.
Ante las
de decisiones
Cotidianamente
surge la necesidad de tomar decisiones -en general simples- que impactan en
nuestro día a día, en el corto plazo; también nos enfrentamos a algunas más
complejas, en cierta manera críticas, que requieren nuestra atención especial,
y que tienen un impacto a largo plazo; y en un punto medio tenemos decisiones
no tan cotidianas ni críticas, y que impactan en el mediano plazo.
Profundizando en esa especie de clasificación más bien práctica, dentro del grupo de las más críticas y de largo plazo, hay algunas que son trascendentales, que definen rumbos, ya sea de consolidación o de cambio radical, y estas son las que requieren nuestra especial atención.
Algunas
veces tenemos que tomar decisiones como parte de una organización -o de nuestra
familia- y otras veces a nivel personal, pero aún estas más personales puedan
afectar a los demás y es importante que tomemos en cuenta ese impacto, como
parte del proceso de decisión.
Aprendizaje
Aprender a
tomar decisiones, es una parte fundamental del desarrollo personal, que como
todas las cosas tiene que ir dándose gradualmente; de ahí la importancia de que
nuestros hijos desde pequeños vayan aprendiendo a tomar decisiones simples, y
este es un ejercicio interesante.
Este
aprendizaje tiene como punto de partida el ponerlos en la situación de tener
que tomar sus propias decisiones -adecuadas a su desarrollo-, en lugar de
darles todo resuelto; aunque por supuesto, esto significa que sus decisiones
tal vez no coincidan con lo que nosotros hubiéramos decidido, y tendremos que
respetarlas y acompañarlas -por eso mismo lo de la gradualidad y adecuación al
desarrollo-.
Y ese
proceso también implica el ejercicio de la libertad, el asumir riesgos y a la
vez responsabilidades, ya que todos estos aspectos están unidos unos con otros
de manera inseparable.
En la
práctica de tomar decisiones, asumiendo riesgos, y también aprendiendo de los
errores propios y ajenos, escuchando a los que saben y han hecho experiencia;
hay que tener en cuenta que no podemos decidir sólo por intuición -aunque
muchas veces no falla-, no podemos decir sólo con el sentimiento, con el
corazón, ya que necesitamos tener también la aprobación de la razón.
Aprender a
tomar decisiones, con libertad, y asumiendo los riesgos y responsabilidades que
conllevan, es parte fundamental del desarrollo personal.
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