Dando
continuidad a las publicaciones sobre las decisiones y el proceso de las
mismas, en esta nota quiero abordar un tema que quedó planteado, relativo a la
evaluación de dicho proceso y de los resultados de la ejecución de lo decidido.
Al
referirme a evaluar, lo hago en el sentido de estimar, apreciar, dar valor; con
el objetivo de dar una mirada a lo sucedido que permita lograr una mejora; y en este caso tiene una doble dimensión, ya que se refiere a dos aspectos diferentes, pero que están interrelacionados:
- el proceso de decisión, como tal, y en cada una de sus etapas;
- el resultado de la ejecución de lo decidido, teniendo en cuenta lo realizado y el resultado final.
Este último aspecto tiene que ver fundamentalmente con los frutos resultantes de las decisiones y su ejecución.
Esta evaluación, es fundamental para cerrar el circuito de decisión-ejecución, y tener una retroalimentación que nos permita generar un aprendizaje permanente, que enriquecerá nuestro proceso de toma de decisiones y también su ejecución, y de esa manera capitalizar las experiencias.
Esta evaluación, es fundamental para cerrar el circuito de decisión-ejecución, y tener una retroalimentación que nos permita generar un aprendizaje permanente, que enriquecerá nuestro proceso de toma de decisiones y también su ejecución, y de esa manera capitalizar las experiencias.
Proceso de
evaluación
A partir
de la experiencia, surgen algunos aspectos que desde mi punto de vista
contribuyen al proceso de evaluación:
- tener en
cuenta el objetivo de la evaluación, y los resultados esperados de la
misma: de esta manera sabremos claramente qué esperamos de este proceso y
podremos ser más efectivos.
- describir
claramente lo que se va a evaluar: permitirá focalizarnos en lo que
queremos evaluar y no dispersarnos.
- realizar
un análisis lo más objetivo posible: es importante la búsqueda de la
objetividad, para que la evaluación sea realmente útil, aún sabiendo que
nuestra opinión siempre tendrá algún sesgo.
- tener una
perspectiva proyectiva, con la mirada puesta en el futuro y no tanto en el
pasado: teniendo en cuenta que la evaluación de lo realizado no va a
permitirme cambiar hacia atrás lo que ya hice -aún cuando pueda corregirlo
hacia adelante-, pero si va a permitirme tomar y/o ejecutar mejores
decisiones en el futuro, y tal vez corregir lo realizado.
Desde un
punto de vista práctico, me ha sido de gran ayuda formalizar la evaluación en
cuatro expresiones:
- Aspectos
a mantener: se
refiere a aquello que ha resultado muy bien y debe ser tenido en cuenta a
futuro, sin modificaciones sustanciales.
- Aspectos
a mejorar: en
este caso se refiere a aquello que requiere ajustes -mayores o menores-
para que puedan resultar mejor.
- Aspectos
a cambiar: también
tenemos que realizar cambios en lo que no ha resultado bien, y estos son
claves para la mejora de los resultados.
- Aspectos
a incorporar: finalmente
podemos enriquecer proceso incorporando nuevos elementos que nos permitan
enriquecerlo y optimizarlo.
Al
incorporar la evaluación en el proceso de toma de decisiones, lo que hacemos es
enriquecerlo para lograr mejores resultados a largo plazo, convirtiendo ese
circuito en decisión-ejecución-evaluación.
La
evaluación del proceso de decisiones y su ejecución nos permite un aprendizaje
permanente.
lmdp-ap-200519

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