lunes, 20 de mayo de 2019

Formando el equipo - Evaluando decisiones

Dando continuidad a las publicaciones sobre las decisiones y el proceso de las mismas, en esta nota quiero abordar un tema que quedó planteado, relativo a la evaluación de dicho proceso y de los resultados de la ejecución de lo decidido.

Al referirme a evaluar, lo hago en el sentido de estimar, apreciar, dar valor; con el objetivo de dar una mirada a lo sucedido que permita lograr una mejora; y en este caso tiene una doble dimensión, ya que se refiere a dos aspectos diferentes, pero que están interrelacionados:

  • el proceso de decisión, como tal, y en cada una de sus etapas;
  • el resultado de la ejecución de lo decidido, teniendo en cuenta lo realizado y el resultado final.
Este último aspecto tiene que ver fundamentalmente con los frutos resultantes de las decisiones y su ejecución.

Esta evaluación, es fundamental para cerrar el circuito de decisión-ejecución, y tener una retroalimentación que nos permita generar un aprendizaje permanente, que enriquecerá nuestro proceso de toma de decisiones y también su ejecución, y de esa manera capitalizar las experiencias.

Proceso de evaluación

A partir de la experiencia, surgen algunos aspectos que desde mi punto de vista contribuyen al proceso de evaluación:
  • tener en cuenta el objetivo de la evaluación, y los resultados esperados de la misma: de esta manera sabremos claramente qué esperamos de este proceso y podremos ser más efectivos.
  • describir claramente lo que se va a evaluar: permitirá focalizarnos en lo que queremos evaluar y no dispersarnos.
  • realizar un análisis lo más objetivo posible: es importante la búsqueda de la objetividad, para que la evaluación sea realmente útil, aún sabiendo que nuestra opinión siempre tendrá algún sesgo.
  • tener una perspectiva proyectiva, con la mirada puesta en el futuro y no tanto en el pasado: teniendo en cuenta que la evaluación de lo realizado no va a permitirme cambiar hacia atrás lo que ya hice -aún cuando pueda corregirlo hacia adelante-, pero si va a permitirme tomar y/o ejecutar mejores decisiones en el futuro, y tal vez corregir lo realizado.
Desde un punto de vista práctico, me ha sido de gran ayuda formalizar la evaluación en cuatro expresiones:
  • Aspectos a mantener: se refiere a aquello que ha resultado muy bien y debe ser tenido en cuenta a futuro, sin modificaciones sustanciales. 
  • Aspectos a mejorar: en este caso se refiere a aquello que requiere ajustes -mayores o menores- para que puedan resultar mejor.
  • Aspectos a cambiar: también tenemos que realizar cambios en lo que no ha resultado bien, y estos son claves para la mejora de los resultados.
  • Aspectos a incorporar: finalmente podemos enriquecer proceso incorporando nuevos elementos que nos permitan enriquecerlo y optimizarlo.
Al incorporar la evaluación en el proceso de toma de decisiones, lo que hacemos es enriquecerlo para lograr mejores resultados a largo plazo, convirtiendo ese circuito en decisión-ejecución-evaluación.

La evaluación del proceso de decisiones y su ejecución nos permite un aprendizaje permanente.

lmdp-ap-200519

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