Este tiempo de pandemia, cuarentena y aislamiento, ha impactado en
todos los aspectos de nuestra vida de una u otra manera, entre ellos también en
nuestra vida espiritual; probablemente a cada uno le afectará de una manera
diferente, no sólo en el sentido que le damos, sino también en la forma de
vivirla.
Ante esto, surgen diferentes reacciones, algunos se
habrán hecho cuestionamientos sobre la presencia y la acción de Dios, en el
sentido de cómo permite que puedan suceder este tipo de situaciones, que afectan a la
salud y a la vida de tantas personas; otros habrán recurrido a la oración para pedir por todos los afectados y por la pronta finalización de esta
pandemia.
Para otros, esta es una oportunidad para intensificar la vida
espiritual, no sólo con la oración de intercesión, sino también para
profundizar la vinculación con Dios y con los demás, tratando de comprender
-dentro de nuestra limitada capacidad- el sentido de todo lo que está pasando;
y a partir de allí, qué podemos y debemos hacer nosotros mismos para contribuir a superar
esta situación.
Para los cristianos, este tiempo ha coincidido con la cuaresma, en preparación
a nuestra principal celebración -la Pascua de Resurrección de Jesús-, y significó un
desafío muy importante tener que adaptarnos a vivirlo de una forma diferente,
participando de las celebraciones y uniéndonos como comunidad en el mundo
virtual, aprovechando todas las ventajas de la tecnología, y tratando de
superar sus limitaciones, dando el verdadero sentido a cada celebración, aún a
la distancia, en cada uno de los gestos y símbolos.
Esto nos ha llevado a revalorizar no sólo nuestro vínculo con Dios, sino
también con los demás, comenzando por nuestra familia, con quienes
podemos compartir más de cerca estas celebraciones, como una vivencia de que nos ayuda a profundizar más el vínculo familiar; y a la vez valorando también el vínculo
-a través del vínculo virtual- con aquellos que no podemos compartir tan de
cerca.
Al referirnos a la Pascua, solemos referirnos al "paso",
y tal vez en este tiempo especial que estamos viviendo se nos está
invitando a dar algunos "pasos" también en nuestra vida espiritual,
no sólo profundizándola más allá de las formas, y priorizando el espíritu, sino
también en poder descubrir que tenemos que hacer en este tiempo, en los
diferentes ámbitos de nuestra vida, como un llamado a dar pasos concretos, que
de alguna manera puedan reflejar el "paso" de Dios por nuestra
vida, para nosotros y para los demás.
La celebración de la Pascua de Resurrección en este tiempo es una
llamada a profundizar nuestros vínculos con Dios y con los demás, revalorizando
el sentido de los mismos, más allá de las formas; y a asumir acciones concretas que reflejen el "paso" de Dios por nuestra vida.
lmdp-ap-120420

No hay comentarios:
Publicar un comentario