En esta
experiencia de compartir reflexiones, hay una gran riqueza al recibir los
comentarios y aportes que llegan de diversas formas y que también forman parte
del proceso de comunicación y de la inspiración de cada publicación.
A partir de
esos comentarios y aportes quiero darle una vuelta más a las reflexiones sobre
la comunicación, como expresión cotidiana en nuestra vinculación con los demás,
con la que transmitimos nuestras ideas, nuestros pensamientos, nuestras
reflexiones y en definitiva un poco de nosotros mismos.
En mis
publicaciones anteriores me referí a los desafíos relacionados con la
comunicación en el sentido de la vinculación interpersonal en una
época marcada por la tecnología, y a las actitudes que pueden hacer
posible la comunicación interpersonal.
Tomando como punto
de partida algunas actitudes como respeto, apertura y escucha, se puede lograr
un ambiente donde sea posible una comunicación efectiva y sin conflictos; no
obstante, es importante tener en cuenta que estas actitudes si bien son
necesarias, hay más elementos a tener en cuenta.
Hay un
aspecto que puede definir el éxito o el fracaso en las experiencias de
comunicación interpersonal, y tiene que ver con la intención de cada uno. Si la
intención es enriquecerse con otro punto de vista, aún cuando pueda ser totalmente
opuesto, es posible lograr una comunicación efectiva y sin conflictos; en
cambio si la intención es confrontar, me animo a decir que es casi imposible
lograrlo, diría sin temor a equivocarme que el fracaso está asegurado.
Es cierto que
el desafío es grande y probablemente las experiencias negativas pueden jugar en
contra como antecedentes, pero no es imposible, y requiere un gran esfuerzo
mutuo; esto es probablemente lo más importante y lo más difícil, que sea
mutuo, que cada uno ponga lo mejor de sí para lograrlo.
Para ello
deberían darse también algunas condiciones que contribuyan a lograrlo, entre ellos
la personalidad de quienes intervienen; en este punto se requiere una buena dosis de
autodominio, sobre todo para los que somos más apasionados.
Por otra
parte es importante que ese ambiente de comunicación sea un ambiente de
confianza y de libertad -a partir del respeto, la apertura y la escucha-, en
el sentido de que cada uno pueda expresar con sinceridad lo que piensa y
siente, sin ser juzgado por ello, sin pre-juicios, sin estar a la defensiva, esperando a lo que diga el otro para reaccionar; y sobre todo sin pasar al
plano de la agresión personal.
La comunicación efectiva depende de la intención y el esfuerzo mutuo de cada uno, que permitan generar un ambiente de confianza y libertad.
La comunicación efectiva depende de la intención y el esfuerzo mutuo de cada uno, que permitan generar un ambiente de confianza y libertad.
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