En
los días de Semana Santa tuvimos la oportunidad de viajar para encontrarnos con
la familia, experiencia que siempre comienza y termina con un largo viaje,
que para nosotros tiene el sentido de pre-gustar y post-gustar el encuentro
familiar con toda su riqueza, de principio a fin.
Con
el tiempo la dinámica de nuestros viajes continúa renovándose a medida que van
creciendo nuestros hijos y continuamos disfrutando el regalo de la belleza de
los paisajes, y amenizando el viaje entre los momentos de oración, largas
conversaciones que van saltando de tema indefinidamente, y los juegos a los que
hemos incorporado los crucigramas y sopas de letras en familia.
Encuentro
y compartir
En
cada visita a la familia, vamos tomando cuenta del paso del tiempo, a medida
que pasan los años se va agrandando la familia a través de los más jóvenes con
los pequeños que se incorporan y traen su alegría a la familia, van creciendo
los más jóvenes con sus proyectos y su vitalidad, y vemos como pasa el tiempo
para los mayores, que nos ayudan a tener presentes nuestros orígenes y nuestra
historia, con sus anécdotas y toda su riqueza y, en este proceso, también vamos
acompañando la partida de los que nos van dejando físicamente, pero queda entre
nosotros todo su legado y su trayectoria de vida.
Este
año nos tocó vivir una experiencia nueva, con la partida de mamá el año pasado,
nuestro viaje a mi ciudad natal ahora es a un
encuentro de hermanos, y ese es un desafío, aunque ya no estén físicamente papá
y mamá seguimos siendo familia, y seguimos compartiendo estos encuentros,
fortaleciendo los vínculos con una nueva dinámica, que plantea desafíos;
honrando también de esta manera su memoria y su herencia de valores.
Y
en esta experiencia de cultivar los vínculos, no faltan en cada visita el
encuentro con amigos y la familia grande, y también los recuerdos que vienen a
la memoria con los diferentes lugares de nuestra infancia y juventud que
volvemos a visitar.
Vivencias
de familia
Fueron
pocos días, pero muy ricos en vivencias familiares, el encuentro con un
tío-abuelo de mi esposa, con todas sus anécdotas e historias familiares, muchas
de ellas desconocidas hasta el momento, un encuentro casual con una prima que
hacía muchos años que no veía, con casi toda su familia, fueron momentos de
sentirnos en familia.
Tal
vez el plato fuerte de estas vivencias fue el encuentro de los cuatros hermanos
en el que pudieron participar casi todos los sobrinos -salvo los que están más
lejos-, en el que compartimos como si siempre estuviéramos juntos, como si
viviéramos a la vuelta de la esquina, en esa experiencia de sentirnos familia.
Qué
bueno poder renovarnos con estas vivencias de familia que fortalecen los vínculos y llenan el alma.
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