domingo, 17 de mayo de 2020

Esperanza

Seguimos viviendo en este tiempo de pandemia que se va prolongando, y en el que en mayor o menor medida vamos asumiendo el aislamiento y el distanciamiento social físico como parte de nuestra vida cotidiana -al menos temporalmente-; y a la vez van creciendo exponencialmente las vinculaciones y actividades virtuales, con sus ventajas y desventajas.

Esta situación que vivimos ha trastocado significativamente nuestra forma de vida, y exige de cada uno de nosotros realizar un proceso de permanente adaptación a estos cambios en los diferentes aspectos de nuestra vida, en nuestros diferentes roles y actividades, en el ámbito familiar, religioso, social, laboral.

En estos más de dos meses fui compartiendo mis reflexiones en torno a este tiempo que estamos viviendo, desde diferentes perspectivas, abordando diferentes situaciones, compartiendo también algunas experiencias y vivencias en particular.

Estas reflexiones tienen un denominador común, que pasa por identificar en esta situación que vivimos un desafío a superar y a la vez una oportunidad que no podemos ni debemos dejar pasar, rescatando lo positivo en medio de las dificultades que a veces parece que nos superan y nos desaniman.


A través de cada reflexión pretendo transmitir una mirada de esperanza, que no es lo mismo que una mirada optimista, que cree que todo va a salir bien, sino una mirada que tiene la certeza de que lo que pasa tiene un sentido, independientemente del resultado; y allí es donde está el desafío, en tener puesta la mirada un poco más allá de las circunstancias difíciles que se nos presentan, más allá de nuestras seguridades, y en medio de nuestras limitaciones.

Puede inspirarnos esa definición de esperanza atribuida a un filósofo: "La esperanza es el sueño del hombre despierto"; tal vez a partir de esta definición podemos plantearnos desarrollar esa capacidad de soñar aquello que ni siquiera podemos imaginar, abrir nuevos horizontes, sin tener miedo a la realidad y sus contradicciones, entrando en la oscuridad de un futuro incierto, en búsqueda de la luz.

La esperanza nos impulsa a mirar la vida con una actitud positiva, a esperar con paciencia, pero una espera activa que nos moviliza, que nos lleva a ser perseverantes, a seguir adelante confiados, en medio de las dificultades; transmitiendo esa esperanza a quienes nos rodean en los diferentes ámbitos.

Para los que somos creyentes nuestra esperanza no está fundada sólo en lo que podemos ser, hacer o creer, sino que tiene su fundamento en nuestra fe en el poder, la bondad y el amor de Dios que nos lleva a esperar contra toda esperanza, y esta esperanza no decepciona.

Este tiempo de pandemia es una invitación a vivir y transmitir la esperanza, que nos permite afrontar las dificultades con una actitud activa, paciente y confiada.

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