En este tiempo de pandemia, en que nos quedamos en casa mientras nos
debatimos entre el aislamiento y el cultivo de los vínculos, en como afrontar esta crisis sabiendo identificar las oportunidades, asumir el cuidado y ser
protagonistas del cambio que se viene en busca de una nueva normalidad; todo
esto me hace pensar en la cultura en la que estamos viviendo.
Al hablar de cultura, que tiene que ver con cultivo, nos referimos a un modo de vida y costumbres, una forma
peculiar de pensar, sentir y obrar, al cultivo de la relación con la
naturaleza, con los demás, con uno mismo y con Dios; que también comprende las
manifestaciones artísticas, símbolos, realizaciones, lenguaje.
La cultura se trasmite, cambia y evoluciona en el
tiempo, está en constante transformación; nos referimos a la cultura de un
determinado lugar, de una época, y a determinadas características de la
cultura.
Podemos aprovechar este tiempo para dar una mirada retrospectiva a
unas semanas atrás, a unos meses atrás, al tiempo anterior al inicio de la
pandemia, y tratar de identificar las características de la cultura en la que
vivíamos; tal vez podamos señalar muchos aspectos, la clave es poder llegar a
los más importantes, a los que marcan los rasgos más salientes y definen esa
cultura.
Esto tal vez nos permita tomar la distancia suficiente, para poder
identificar también los valores y los antivalores de esa cultura en la que
vivíamos; tarea nada fácil pero que nos puede llevar a plantearnos en qué
medida éramos protagonistas activos de esa cultura, o simplemente nos dejamos
llevar por una cultura que muchas veces nos envuelve y nos deja sin capacidad
de reacción.
A partir de esa mirada crítica, podemos plantearnos profundamente
cuál es la cultura que queremos construir en este tiempo, a la salida de esta
pandemia, cuál es ese modo de vida, cuáles son las costumbres que queremos cultivar,
cuál es la forma de pensar, sentir y obrar que queremos que nos guíe, cómo
queremos que sean nuestros vínculos en los diferentes ámbitos.
Pero este planteo, por más profundo que sea no puede quedar en el
plano de las ideas, sino poder convertirse en acción; debemos compartirlo, para
que pueda concretarse, para que pueda hacerse realidad una nueva cultura, y ese
es uno de los grandes desafíos de este tiempo, de nuestro tiempo.
Estamos ante un tiempo de cambio, ante una oportunidad y un
desafío de ser constructores de una nueva cultura, de un nuevo orden social.
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Excelente!!! Valor cada momento como una oportunidad!!!
ResponderEliminarEs una manera de ver lo que vivimos con espíritu positivo. Gracias Tere por tu comentario!
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