martes, 31 de diciembre de 2019

Compartiendo la vida - Tiempo de Agradecer

Releyendo y reflexionando sobre una nota anterior que hacía referencia al final del año como un tiempo de evaluar cómo nos fue, y a partir de nuestro presente proyectarnos hacia el futuro; me di cuenta que allí faltó algo muy importante, y creo que no es un detalle menor.

Cuando evaluamos y vamos haciendo el recuento de lo que hicimos, lo que logramos, lo que quedó en el camino, lo que no logramos; seguramente nos vamos dando cuenta que no estuvimos solos en todo eso.

Podemos notar que en los diferentes proyectos, emprendimientos, actividades, tareas, contamos con la familia, amigos, compañeros, jefes, colaboradores, proveedores, clientes, profesionales, y muchos más, y podríamos completar una larga lista con los nombres de quienes nos acompañaron para llegar a donde llegamos.

Por eso es que teniendo en cuenta esto, creo que el final del año además de ser un tiempo para evaluar, también es un tiempo para agradecer, casi como un complemento necesario que surge de la evaluación.

Mi primera publicación fue un agradecimiento por un aniversario de matrimonio, y unos meses después volví a publicar sobre el mismo tema, dando gracias por mi mamá que acababa de partir; y en una parte hacía referencia a que seguramente volvería sobre el tema, sin agotarlo seguramente, teniendo en cuenta ese dicho: "es de bien nacido ser agradecido".

Agradecer significa valorar y reconocer su labor y su aporte a quienes han estado a nuestro lado acompañando, colaborando, sosteniendo, liderando, impulsando; y de alguna manera siendo parte de nuestras actividades y tareas, haciendo posible nuestros proyectos y logros.

El agradecimiento surge de las almas nobles y de alguna manera es un acto de justicia hacia quien se agradece, y a la vez un estímulo, una motivación y un compromiso para quien lo recibe.

Que al evaluar este año podamos hacer no solo un recuento y una valoración de lo realizado, de los logros y los desafíos, sino también un agradecimiento a quienes fueron parte de ello, reconociendo su aporte.

Al inicio de este año me propuse escribir una nota cada semana. Al evaluar este propósito, me queda la satisfacción por lo que pude lograr: durante los primeros 9 meses pude publicar todas las semanas, y sólo me faltaron 6 artículos en el año; y tal vez el logro más importante haya sido no bajar los brazos a pesar de las dificultades.

Para completar este proceso, quiero agradecer en primer lugar a Dios por haberlo hecho posible, a mi esposa que me apoyó en forma permanente, siendo también mi correctora; a nuestros hijos y a los lectores fieles que estaban pendientes de las publicaciones, a los que hicieron llegar sus comentarios en forma personal o en el blog, a los que fueron inspiración para las publicaciones, y a todos los que en forma anónima siguen el blog. ¡Muchas gracias a todos y cada uno!

Fin de año, tiempo de evaluar, tiempo de agradecer.

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domingo, 22 de diciembre de 2019

Compartiendo la vida - Tiempo de evaluar

Cuando nos vamos acercando al final del año nos surge la inquietud de plantearnos analizar cómo nos fue, mirando lo que pudimos lograr, lo que nos quedó pendiente, los desafíos que se nos presentan; los diferentes ámbitos en los que pudimos crecer y avanzar, y en los que no.

Por eso solemos decir que estamos en tiempo de evaluar, de hacer un balance de los diferentes aspectos de nuestra vida, en lo personal, en lo familiar, en lo laboral, en lo social; y como ha sido nuestro desempeño en este período.

Este tiempo de evaluar podemos mirarlo en una triple perspectiva: mirar hacia atrás, haciendo un recuento de lo que hicimos y cómo nos resultó; eso nos permitirá situarnos en el presente al identificar cómo y dónde estamos; y a partir de allí proyectarnos hacia el futuro, mirando hacia adelante.

En una nota anterior relacionada a la evaluación del proceso de decisión y los resultados de la ejecución de lo decidido, abordé algunos aspectos de la evaluación que forman parte del proceso de evaluación, que en esta oportunidad pretendo ampliar, tomándolos como punto de partida, al referirme a la evaluación en general como una revisión de lo actuado.

Esto nos permite de alguna manera cerrar una etapa, para comenzar una nueva, dando valor a lo que hicimos, aprendiendo de los logros y los fracasos; a modo de retroalimentación, como parte del aprendizaje que nos enriquece y nos hace crecer capitalizando las experiencias.

Un aspecto importante a resaltar es que se trata principalmente de una autoevaluación, en la que nosotros mismos estamos evaluando nuestro propio desempeño; para lo cual es importante tener en cuenta algunas aspectos que nos pueden ayudar para que sea más efectiva:

- Se trata de un proceso de reflexión sincero, que nos lleva a analizar en profundidad nuestro actuar, en el que se requiere una buena dosis de espíritu crítico, para lograr una adecuada valoración de lo realizado y lo conseguido y evitar el riesgo de caer en extremos: ser excesivamente exigentes con nosotros mismos o ser excesivamente condescendientes; por lo tanto se requiere también de mucho equilibrio, para lo cual puede ayudar también tener una evaluación externa, que generalmente es más imparcial, y por lo tanto más equilibrada.

- Debe inspirarnos el anhelo de crecer y la predisposición a cambiar, esto nos lleva a poder apoyarnos en los aspectos fuertes y los logros, como punto de partida para poder superar los aspectos negativos y los fracasos, que son la fuente de los desafíos futuros.

- Estos desafíos deben poder materializarse en planes de acción concretos que conviertan el proceso de evaluación en una oportunidad de crecimiento que pueda hacerse realidad.

Tiempo de evaluar, tiempo de mirar pasado, presente y futuro, que nos permita convertir la experiencia de la evaluación en una experiencia de aprendizaje.

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sábado, 30 de noviembre de 2019

Compartiedo la vida - Solidaridad

Dando continuidad a dos publicaciones anteriores, sobre el compromiso social y el bien común, las cuales guardan relación entre sí; en esta oportunidad quiero referirme a un elemento común a ambas: la solidaridad, como manifestación de voluntad y actitud de vida.

Conceptualmente podemos hablar de la solidaridad, como la adhesión a la causa de otros, ya sea en forma circunstancial o más permanente; pero este concepto tiene que convertirse en acciones concretas, tiene que pasar por la vida, hacerse vida para que la solidaridad sea efectiva, y no solo algo de lo que hablamos.

La solidaridad tiene que ver fundamentalmente con interesarnos por el otro, ponernos en su lugar, brindarle apoyo, ayuda, hacerle saber que me interesa lo que le pasa, sobre todo en situaciones difíciles, tendiéndole una mano que le posibilite salir adelante, como expresión de mi interés y responsabilidad por el otro, por el bien común; y por otra parte tiene que ver con comprometernos  con los desafíos que nos presenta la realidad, abriéndonos a las necesidades de los demás, poniéndonos en su lugar y pasando a la acción.

En este último tiempo nuestra región -América Latina- está cada vez más convulsionada, en lo social, en lo político, en lo económico, situación que se va multiplicando y expandiendo en cada país con características propias, con diferencias en sus orígenes, en su desarrollo, en sus efectos; cada uno con sus matices propios, y con exteriorizaciones que en algunos casos significan excesos o violencia, que si bien no puede justificarse en ningún caso, ni de ninguna manera, es un llamado de atención, que debe llevarnos a reflexionar, no sólo sobre las causas, sino sobre todo sobre las soluciones, y en el futuro.

Y esa reflexión, me lleva a hacerme un planteo desde la perspectiva de la solidaridad, no como concepto, como idea, como una respuesta más política o social -que es importante y necesaria, pero muchas veces excede lo que podemos hacer-, sino como algo concreto que tiene que transformarse en acción.

El desafío es que esa transformación en acción no se limite a algunas acciones solidarias puntuales -que son sumamente importantes y necesarias, y no pueden ser dejadas de lado-, sino que pueda transformar el estilo de vida, lo que hacemos y cómo lo hacemos, en los diferentes ámbitos de nuestra vida personal, familiar, social, laboral, la forma de vincularnos con los demás, en cómo nos interesamos realmente por el otro, poniéndonos en su lugar, en lo cotidiano.

El desafío es que la solidaridad transforme nuestra vida cotidiana para poder transformar nuestra sociedad.

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domingo, 24 de noviembre de 2019

Compartiendo la vida - Integrar


Con frecuencia nos encontramos ante la de disyuntiva de tener que tomar decisiones entre una opción y otra, y puede suceder que en un primer análisis no vislumbremos otra alternativa que tomar una decisión excluyente entre ambas opciones.


En muchas situaciones, por más vueltas que le demos a esa decisión que tenemos que tomar, probablemente no nos quede otra salida que esa decisión excluyente, ya que ambos caminos pueden ser totalmente incompatibles entre si, y no hay ninguna posibilidad de encontrar otro camino.


También puede suceder, que al profundizar en el análisis podamos encontrarnos ante diferentes situaciones alternativas que nos permitan abrirnos a soluciones más enriquecedoras, y allí está el desafío.


Por una parte puede suceder que esa aparente disyuntiva entre una opción y otra no sea tal, por más que se nos presente planteada de esa manera; y al profundizar la decisión podamos encontrar otras salidas creativas e integradoras.


Una de ellas, es que en la búsqueda de soluciones nos abramos a la posibilidad de que sean ambas, si logramos superar los aspectos que las hacen excluyentes, con lo cual estaremos ante una solución que nos permita dar el paso de no tener que resignar nada, sin tener que caer en contradicciones.


Otra alternativa, es que a partir de ambas opciones, con creatividad podamos encontrar una solución nueva que contemple lo mejor de las ambas opciones, logrando una integración entre ambas que genere una sinergia, y nos permita superar ese aparente conflicto planteado.


Muchas veces tendemos a separar, a disgregar, a actuar en forma mecánica, a plantear la disyuntiva, el conflicto; sin plantearnos la posibilidad de ver más allá de lo que se nos presenta a primera vista.


En este sentido es importante poder tomar distancia de la problemática planteada, eso nos permitirá captar lo esencial de la misma, y poder ver un poco más allá de lo que aparece superficialmente; y como dice el dicho "que el árbol no nos tape el bosque", que los detalles y las formas no nos impidan ver el fondo de la cuestión.


Si nos detenemos a reflexionar en las decisiones que se nos plantean en nuestra vida cotidiana, podemos identificar muchas situaciones en las que nos hemos encontrado en esa disyuntiva, entre "esto O lo otro"; y en las que si nos abrirnos a la posibilidad de plantearnos por qué no "esto Y lo otro", puede ser un ejercicio muy interesante que puede solucionar muchos conflictos y darnos muchas satisfacciones.


El desafío es abrirnos a la búsqueda de soluciones creativas e integradoras, que nos permitan dar un paso más y poder superar la disyuntiva excluyente.


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domingo, 10 de noviembre de 2019

Compartiendo la vida - Perseverancia


Hace muchos años cree mi blog con la idea de poder escribir, que es algo que siempre me gustó; y poder compartir mis escritos, como una manera de aportar algo a quien le pueda ser útil.

Comencé a escribir sin ninguna periodicidad definida, sin dedicarle mucho tiempo ni esfuerzo, buscando la inspiración para escribir, la forma de hacerlo, la temática; no tenía muy en claro por dónde avanzar, pero sabía que quería hacerlo.

Hasta que hace poco más de un año -a comienzos 2018- me propuse escribir en lo posible todos los días algo; y fui avanzando con la idea de que mis escritos fueran reflexiones, pensamientos, notas compartidas surgidas desde la vida; sin a nada metodológico ni científico, que pueda servir para la vida.

A partir de ese momento comencé a hacer algunas publicaciones, a medida que venía la inspiración, y me parecía que lo escrito podía ser publicado, sin una temática ni una frecuencia predeterminadas; esto duró poco más de tres meses y después no hubo más publicaciones.

A comienzos de este año 2019, junto con las resoluciones del año -esa especie de propósitos que solemos hacernos con el año que comienza al que vemos como una página en blanco que queremos llenar- asumí el desafío de publicar una nota semanal; el año fue transcurriendo, y pude cumplirlo -con algunos altibajos- durante poco más que 9 meses.

Hace casi un mes que hice mi última publicación, las últimas semanas fueron muy intensas, y mis borradores no llegaron a convertirse en publicaciones, y eso me genera un sentimiento de frustración por no poder cumplir mi propósito; pero por otra parte tampoco quiero quedarme con la sensación del vaso medio vacío -fueron 42 publicaciones semanales durante el año-.

Eso me llevó a la reflexión sobre la perseverancia, en mantenerse constante para continuar lo comenzado, y eso tiene que ver con fijarse objetivos y poder cumplirlos a lo largo del tiempo, y sobre todo en poder sobreponerse a las dificultades de cualquier tipo; y también dejar de lado el orgullo, y saber recomenzar nuevamente.

En ese espíritu, estoy publicando estas reflexiones después de casi un mes sin hacerlo; en esta oportunidad tal vez estas reflexiones puedan sonar un poco a una catarsis; pero en definitiva es lo que surge de la vida, y quiero compartirlo con los demás.

Sintetizo la perseverancia en esta frase: No importa las veces que caigas, lo importante son las veces que te levantes.

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lunes, 14 de octubre de 2019

Compartiendo la vida - Al instante

En nuestra vida cotidiana pareciera que vivimos al instante, en la inmediatez, da la impresión de que no podemos esperar, que todo tiene que darse ahora, en este momento, sin demoras; de alguna manera es como que el tiempo nos apremia, es como si perdiéramos la paciencia.

Desde algún punto de vista esta publicación está relacionada con varias de las ya publicadas sobre temas asociados a la tecnología, y cómo ésta nos afecta en nuestra vida cotidiana, en nuestra forma de vincularnos con las personas y con las cosas, en nuestra forma de actuar; y también en los desafíos que nos plantea.

Tal vez una muestra de este vivir al instante y en la inmediatez, se pone de manifiesto en nuestra actividad en las diferentes aplicaciones de mensajería instantánea en las que interactuamos cotidianamente; convirtiéndose de alguna manera en nuestra principal forma de comunicarnos.

Y en esa inmediatez de la mensajería instantánea, a veces podemos tener la sensación de que no me leyó, o me dejó en visto y no me respondió; y damos por entendido que ya comunicamos, pero finalmente no se concretó la comunicación.

Claramente podemos identificar un sinnúmero de oportunidades relacionadas con estas aplicaciones, ya que nos proporcionan una comunicación rápida, que puede manifestarse en mensajes escritos y de voz, en imágenes, fotos y videos, y en otras expresiones creativas que se multiplican a cada momento (emojis, memes, stickers).

También nos proporcionan la posibilidad de comunicarnos en grupos más o menos estables, que se multiplican en nuestros diferentes ámbitos familiares, laborales, sociales, culturales, religiosos, de amigos; a través de los cuales no sólo compartimos actividades, inquietudes, sentimientos, sino también sirven como plataforma de difusión de ideas y conocimientos, y también como una importante herramienta de trabajo.

Por otra parte, a la par de estas oportunidades y que pueden contribuir en nuestro día a día, también se presentan algunos desafíos que nos plantean estas aplicaciones, a los que debemos estar atentos, para dar respuesta a los mismos, de manera que no nos afecten negativamente en nuestra vida cotidiana.

Algunos de esos desafíos están relacionados con la despersonalización de esta comunicación muy centrada en la tecnología, que adicionalmente puede llevarnos a malos entendidos por la carga emocional con la que se reciben las comunicaciones, dando lugar a interpretaciones no adecuadas entre quien envía y el receptor.

Tal vez otro de los desafíos puede estar relacionado con el hecho de que no todos los temas pueden abordarse de esta manera, ya que hay temas que requieren un tratamiento más personalizado, más cercano, más reservado; y podemos agregar a esto el desafío de poder hacer un adecuado seguimiento a la cantidad de mensajes que recibimos de la variedad de grupos en los que participamos, y que a veces puede darnos la impresión de que nos abruma, que nos obliga a responder, a comunicarnos, afectando de alguna manera nuestra libertad.

El ritmo de vida actual nos lleva a vivir al instante y a la vez nos desafía a superar la inmediatez.

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lunes, 7 de octubre de 2019

Compartiendo la vida - Bien común

Hace algún tiempo compartí algunas reflexiones sobre el compromiso social poniendo el acento en algunas manifestaciones cotidianas concretas, tales como compartir los talentos, solidaridad y compromiso con el futuro.

Esas manifestaciones de compromiso social, identificadas a modo de ejemplo, son un punto de partida de muchas más, que tienen como objetivo servir al bien común; y este el tema sobre el que quiero compartir algunas reflexiones en esta oportunidad.

Al hablar de bien común me refiero a aquel que permite a todos y a cada uno el logro del mayor bienestar en los diferentes ámbitos de la vida; que plantea como uno de los grandes desafíos, el ejercicio de lograr el justo equilibrio entre el bienestar individual y el bienestar comunitario, y también la capacidad de conjugar ambos ámbitos.

Todos somos responsables de ese bien común, que muchas veces vemos lejos de nosotros mismos y de nuestro ámbito de actuación, de tal manera que pareciera que nadie es responsable; eso me recuerda a un relato que hace referencia a esta situación, que escuché desde mi infancia, como un llamado a la responsabilidad por las cosas comunes, y que comparto a continuación:

Había que hacer un trabajo importante y TODOS estaban seguros que ALGUIEN lo iba a hacer. CUALQUIERA lo podría haber hecho, pero NADIE lo hizo. ALGUIEN se enojó por esto, porque era el trabajo de TODOS. Cada uno pensó que CUALQUIERA lo podía hacer, pero NADIE se enteró de que TODOS no lo iban a hacer. TODOS culparon a ALGUIEN, cuando NADIE hizo lo que CUALQUIERA podría haber hecho. 

Si queremos ponernos en acción, podemos identificar algunos desafíos que se nos presentan en la búsqueda del bien común y la lista puede ser muy larga; lo cual nos enfrenta a la magnitud de la tarea, que no debe inmovilizarnos, sino más bien permitirnos identificar por dónde comenzar, a partir de aspectos concretos en los que esté a nuestro alcance hacer algo.

Haciendo el ejercicio de identificar parte de esa larga lista, podemos incluir algunos temas como: cuidado de los recursos naturales, pobreza y exclusión, falta de oportunidades de todo tipo, enfermedades sin tratamientos accesibles, discriminación; por mencionar los que surgen casi espontáneamente, y que pueden ayudarnos a poner el foco.

Necesitamos pasar del discurso -que muchas veces incluye el lamento, la queja, la búsqueda de culpables- al compromiso concreto, que nos lleva a la acción, que haga la diferencia, que vaya más allá de las modas o el marketing; y que implica que tengamos en cuenta algunas actitudes a cultivar, para poder avanzar.

Entre esas actitudes podemos mencionar:

Apertura: para poder ver más allá de nosotros mismos, de nuestra realidad; tratando de comprender la realidad y las situaciones de los demás, su forma de pensar y de actuar.

Solidaridad: para comprometernos con los desafíos que nos presenta la realidad, abriéndonos a las necesidades de los demás y de la comunidad; como punto de partida que nos lleva a la acción.

Creatividad: para poder generar soluciones nuevas, originales a estas situaciones que reclaman nuestra acción; a fin de poder ser efectivos en nuestra respuesta.

Somos responsables por la construcción de un mundo mejor, nos toca aportar nuestro granito de arena con apertura, solidaridad, creatividad.

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martes, 1 de octubre de 2019

Compartiendo la vida - Familia de Familias


Como matrimonio, y también como familia compartimos la experiencia de ser parte de una comunidad de matrimonios que queremos construir familia desde nuestra propia familia.

Hace más de 20 años que, con todo el empuje de nuestra juventud -tal vez sin ser totalmente conscientes del camino que emprendimos-, con coraje y audacia, con muchos anhelos e ilusiones, comenzamos este hermoso camino, en el que fuimos aprendiendo cuánto teníamos por recorrer, y por sobre todo que eso dependía de nosotros.


Hemos venido avanzando paso a paso, no sin dificultades, creciendo cada día o al menos haciendo el esfuerzo por lograrlo; fortaleciéndonos y enriqueciéndonos con la vida y el testimonio de cada matrimonio y cada familia, tratando de poner lo mejor de nosotros; en un camino que no concluye, en el que tenemos mucho para seguir creciendo.


En este tiempo hemos ido creciendo en forma gradual, en todas las dimensiones; partiendo desde lo personal, a partir de la experiencia de sentirnos hijos, no sólo hijos de Dios y de la Virgen María -nuestra gran aliada-, sino también experimentando ser hijos dentro de la comunidad; y esto nos da seguridad, nos hace crecer y transformarnos, nos capacita para salir de nosotros mismos.


En ese camino, nuestro yo fue dando lugar al nosotros, para crecer en nuestra vida matrimonial, en nuestro proyecto común, aprendiendo a superar las dificultades de cada día, descubriendo siempre lo mejor en nuestro cónyuge, que nos enriquece y nos permite hacernos felices mutuamente; sabiendo con contamos con la gracia de Dios en nuestro matrimonio, que nos sostiene y nos impulsa a vivir el amor en plenitud.


A partir de nuestro amor conyugal, aprendimos a construir nuestra comunidad de vida y de amor, que se plenifica y hace fecunda con el maravilloso regalo de los hijos, que nos hace familia y nos permite experimentar un aprendizaje cotidiano, enriqueciéndonos en la experiencia de aprender a ser padres; buscando encender en nuestros hijos la vida, a partir de las vivencias compartidas.


Nos empeñamos en hacer concreta la construcción de la comunidad, experimentando el ser hijos, y también el ser padres y hermanos; cultivando nuestra vinculación con Dios y la Virgen María, entre nosotros, con los demás, y también construyendo un vínculo sano con la naturaleza, el trabajo, los bienes. 

En este camino nos sostiene la comunidad de matrimonios, con quienes compartimos nuestros ideales y nos sentimos familia; en primer lugar, con nuestra pequeña comunidad de matrimonios, nuestros compañeros en esta aventura, en esto de construir familia y de hacerlo lo mejor posible a pesar de nuestras limitaciones.


Esa experiencia de familia, la vivimos con los matrimonios de la comunidad más grande y también como una extensión de esa gran familia, con los matrimonios de la comunidad internacional; superando las barreras del idioma y la cultura, porque compartimos y vibramos por un mismo ideal.


Cada vez que tenemos la oportunidad de compartir acontecimientos, experiencias y vivencias, revivimos este ser parte de una gran familia de familias, que nos ayuda a vivir el ideal de la comunidad.


Una familia de familias, con la que queremos construir familia desde nuestra familia.


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domingo, 29 de septiembre de 2019

Compartiendo la vida - Tecnologia y aprendizajes (II)


Dando continuidad a algunas reflexiones sobre tecnología, en esta oportunidad me voy a referir a los cambios que experimentamos en nuestra vida cotidiana a través de la tecnología y que en definitiva constituyen oportunidades.

La denominada transformación digital representa un cambio cultural significativo para nuestro tiempo, y que está marcado claramente por la innovación, que nos lleva a plantearnos un cambio en la forma de ver, de analizar, de resolver las situaciones que se nos presentan al punto que podemos decir que se trata de una cuestión mental.

Para las generaciones más jóvenes que nacieron en esta época digital -sin ánimo de poner una etiqueta a cada generación como suele hacerse- este proceso de transformación es algo que forma parte de su experiencia y en general lo asumen como algo muy natural y cotidiano, algo que no los sorprende, que forma parte de la realidad; sobre todo porque no han vivido la época anterior, y eso hace que no tengan un punto de comparación.

Para quienes nacimos antes de esta época digital, el proceso de transformación nos ha sorprendido en diferentes etapas de la vida, más o menos avanzada, y que al traer un bagaje de experiencias anteriores –aún cuando sean de la infancia–, implica la necesidad de emprender la adaptación al cambio, de alguna manera a subirnos al tren de la innovación que pasa en un camino sin retorno.

Esto significa incorporarnos a un proceso que nos llevará a sucesivamente a aprender, desaprender y reaprender, de alguna manera podemos decir que esta adaptación al cambio significa un aprendizaje permanente y dinámico.

Este proceso de aprendizaje es de alguna manera una invitación a ser parte del cambio, a salir de nuestra zona de confort, asumiendo el cambio como algo propio; como una forma de supervivencia.

Si miramos en perspectiva algunos de los cambios, estos implican, por una parte la simplificación de algunos procesos complejos a los que nos habíamos acostumbrado, poniéndolos más al alcance nuestra mano; y por otra, ante un mundo muy masificado, también permiten generar soluciones más personalizadas, más disponibles.

Tal vez esto de la disponibilidad, es uno de los cambios más grandes, también en el sentido de que la la ubicación geográfica ya no es tan determinante, la tecnología hace que todo quede más disperso, pero donde lo decisivo es poder acceder, poder conectarnos, poder disponibilizar.

Para comprobarlo, y sin hacer referencia a soluciones concretas, podemos pensar en cómo han cambiado en este último tiempo no sólo el sector de las comunicaciones, que es el primero que nos viene a la mente; sino también los sectores de la información, el entretenimiento, la movilidad, la gastronomía, la comercialización de productos y servicios, y una larga lista.

Aprender, desaprender y reaprender, como proceso de aprendizaje y adaptación al desafío del cambio tecnológico.

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domingo, 22 de septiembre de 2019

Compartiendo la vida - El asado

Compartiendo en familia sobre las publicaciones en mi blog, surgió la idea de escribir sobre una de las cosas que me apasiona, hacer asado (carne a la parrilla o barbacoa); tomé la idea, sin saber si era un tema para escribir y publicar, hasta que decidí profundizar un poco más en el tema, y surgieron estas líneas -como diría mi mamá-.

Recuerdo que en mi casa y en la de mis tíos y abuelos, se hacía asado en cada acontecimiento familiar y casi todos los fines de semana, por lo que es para mí una tradición familiar arraigada, y que continúa en el tiempo; afortunadamente no sólo es una tradición familiar, sino que también es una costumbre autóctona tanto de mi tierra de origen -Argentina-, como de la tierra adoptiva que hemos elegido para vivir -Paraguay-.

De muy chico siempre acompañé a mi papá en esta tarea, y en mi afán de colaborar, hasta llegué a agarrar con la mano las brasas encendidas caídas de la parrilla, con las consecuencias lógicas que tuve que afrontar, pero que afortunadamente no pasaron a mayores, y tampoco me alejaron de la parrilla.

Ya siendo estudiante universitario, comencé a incursionar por iniciativa propia, y continué aprendiendo mientras hacía, incorporando algunas técnicas y también experimentando diferentes tipos de parrillas; ya que no sé si por mi destreza, pero si por mi disponibilidad, siempre me invitaban a hacer asado, aún en otros grupos con los que no estaba muy vinculado, y eso generó muchas oportunidades de crear nuevos vínculos. 

Siempre me gustó observar y así fui aprendiendo, tratando de tomar las mejores prácticas de los que más sabían, incorporando nuevas experiencias, y de esa manera fui desarrollando en el tiempo un estilo propio, original -que continúa evolucionando-; al punto que siempre soñé con diseñar mi propia parrilla, sueño que pude concretar cuando construimos nuestra casa.

Cada vez que tengo la posibilidad de hacer asado, disfruto especialmente cada momento. Es como un ritual -que tiene sus pasos y sus tiempos que hay que respetar-, en el que importa tanto el resultado final como cada parte del proceso: preparar los elementos, encender el fuego, preparar la parrilla, disponer lo que voy a cocinar en la parrilla, asegurarme de tener fuego necesario para todo el proceso, seguir la cocción para lograr el punto deseado, y una vez cocinado, servirlo personalmente; para luego limpiar la parrilla y guardar los elementos.

Y en este proceso hay algo que es fundamental, y que complementa y da sentido a ese ritual, y que es compartir con la familia o con los amigos esos momentos junto a la parrilla -tal vez con un poco de calor, o en algún momento con un poco de humo, o llevándose el aroma al asado en la ropa-; y mucho mejor si esos momentos compartidos van acompañados de una cerveza, una copa de vino o algún trago.

Estas son oportunidades inigualables de compartir la vida, de intercambiar inquietudes y pensamientos, de conocernos mutuamente; y esto es algo que disfruto muchísimo; y que me da mucha satisfacción.

Hacer asado es mucho más que cocinar, es disfrutar y compartir en familia y con amigos.

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lunes, 9 de septiembre de 2019

Compartiendo la vida - Conocer y aprender

Como suele sucedernos a los padres, vamos aprendiendo y conociendo siguiendo a nuestros hijos, ya sea en sus actividades educativas, deportivas, artísticas, laborales; y en nuestro caso, podemos decir que también vamos aprendiendo y conociendo acompañando sus procesos de migración.

En esta oportunidad esto de seguir a nuestros hijos nos llevó a conocer Ciudad de México, una ciudad y un país que no habíamos tenido la oportunidad de conocer aún.

Nuestro viaje tenía como objetivo principal encontrarnos con nuestra hija y su novio, conocer el lugar donde viven, el lugar donde trabajan y realizan sus actividades, sus amigos, el entorno en el que se mueven; de todas maneras sabíamos que más allá de esto, también era la posibilidad de conocer la ciudad y el país donde viven.

En la semana que compartimos, que pasó más rápido de lo que imaginamos, pudimos aprovechar para ir poniéndonos al día mutuamente, compartir vivencias y acontecimientos con ellos y con sus amigos, recordar anécdotas familiares, divertirnos con juegos de mesa -actividad muy propia de nuestra familia-, recorrer la ciudad y sus alrededores.

En estos días, nuestras recorridas nos llevaron a conocer lugares históricos, culturales y religiosos, a través de los cuales pudimos adentrarnos un poco en la historia, en la cultura y en las tradiciones; y en particular en la gastronomía propia del lugar, experimentando los diferentes sabores, aunque no llegamos a probar los más "picosos".

Afortunadamente el idioma no era un inconveniente, aunque como sucede en cada país de habla hispana, a pesar de compartir el mismo idioma, las palabras no tienen el mismo significado, que además está influenciado por el idioma nativo de cada región; y tiene su acento propio, no sólo en el país, sino también en cada región. 

Aprendimos palabras y sobre todo expresiones nuevas, muy propias del lugar, que en casi tres años nuestra hija fue incorporando, y asimilando como propias; y eso no sucede sólo con las palabras y las expresiones, sino también con las costumbres del lugar, que también forman parte de su vida cotidiana.

Si bien disfrutamos mucho estos días, nos quedamos con la sensación de que nos quedó mucho por compartir, por recorrer, por conocer, por aprender, por experimentar; esto significa de alguna manera que tenemos que volver en algún tiempo para seguir conociendo y aprendiendo.

Seguramente siguiendo a nuestros hijos migrantes, tendremos la oportunidad de visitar otros lugares, conociendo y aprendiendo de su historia, su cultura y sus tradiciones.

Acompañar a nuestros hijos nos lleva a enriquecernos, conociendo y aprendiendo junto ellos.

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lunes, 2 de septiembre de 2019

Compartiendo la vida - Migrantes

En esto de compartir la vida hace un tiempo publiqué algunas reflexiones sobre nuestra experiencia de migración hace más de 28 años y como en este tiempo fuimos descubriendo que Paraguay es nuestro lugar en el mundo.

Como sucede muchas veces, las historias se van repitiendo y así como la mayoría de nuestros abuelos y bisabuelos fueron migrantes, viniendo desde distintos lugares de Europa, hace algunos años fuimos nosotros, y ahora son nuestros hijos.

Esto no nos sorprendió, ya que en cierta forma van siguiendo los pasos; e independientemente de cómo se fueron dando estos procesos de migración de nuestros hijos, tratamos de ir acompañándolos en la medida de nuestras posibilidades.


Hace casi tres años nuestra hija mayor, Gisse se fue a México, al principio por un tiempo, pero el tiempo fue pasando, y allí se fue arraigando, tratando de ir abriéndose camino, poniendo todo su empeño para buscar oportunidades y superar dificultades. 


Son casi tres años de asumir desafíos, de hacer experiencias, de tratar de aprender a crecer, e ir armando su vida allí, acompañada por su novio Luis, que es de México.


Nuestro segundo hijo, Santi, se fue a estudiar a La Plata, Argentina y al cabo de 5 años y cuando sólo le faltaba la tesis, decidieron junto con su novia Mica, casarse, concretando su proyecto de vida en común después de más de 6 años de novios, e instalarse en Buenos Aires, Argentina; asumiendo los desafíos de esa nueva etapa en sus vidas.

Pero su migración no termina allí, la búsqueda de oportunidades de especializarse en sus profesiones -cine y piano-, los llevará a migrar nuevamente, volviendo de alguna manera a sus raíces; no sabemos por cuánto tiempo, pero seguramente continuarán migrando.

Analizando los procesos de migración de cada una de las generaciones, seguramente podremos encontrar diferencias y similitudes, en el contexto en que se dieron los mismos, los motivos que dieron origen a las migraciones, y como se fueron desarrollando en el tiempo.

Probablemente la motivación común sea la búsqueda de oportunidades, de un futuro mejor. En el caso de nuestros abuelos y bisabuelos, algunos tratando de escapar de la crisis en Europa, y en el caso nuestro y de nuestros hijos, sin la presión de la crisis pero compartiendo esa motivación común; y también compartiendo la acogida en los países a los que migramos.


Esto también nos lleva a reflexionar en el fenómeno de la migración en general, en el que muchas veces son migraciones masivas, que tienen su origen en crisis económicas, sociales y políticas, en persecuciones por diferentes motivos; y en el que también se enfrentan a la dificultad de la acogida en los países de destino.

En un mundo cada vez más globalizado -a pesar de algunos intentos de construir barreras en lugar de puentes-, en el que cada vez las fronteras son más abiertas -o deberían serlo-, en la que la tecnología nos ayuda a superar las distancias, tenemos el desafío de ir construyendo entre todos un mundo más integrado.

En definitiva, vamos buscando nuestro lugar en el mundo, un lugar donde nos "hallemos" (sentirnos bien en el lugar donde estamos).


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lunes, 26 de agosto de 2019

Compartiendo la vida - Tecnología y aprendizajes (I)

El avance de la tecnología nos plantea muchos desafíos, algunos de los cuales he compartido en publicaciones anteriores, en particular sobre las redes sociales y los smartphones, con el propósito de hacer de la tecnología nuestra aliada, aprovechando las ventajas y superando los desafíos.

En ese sentido y a partir de los comentarios y reflexiones compartidas que fueron surgiendo de estas publicaciones, quedó planteado el tema de los aprendizajes que vamos desarrollando gracias al avance de la tecnología, en lo que podríamos denominar: las lecciones de la tecnología.


Evidentemente que no pretendo agotar el tema en esta publicación, que tiene el objetivo -como todas las publicaciones que hago- de servir de disparador para reflexionar sobre el tema, y poder ir enriqueciéndonos con el compartir.


En esta primera parte la idea es retomar algunos de los desafíos planteados oportunamente, en los cuales creo que en principio podríamos encontrar algunos aprendizajes como los que menciono a continuación en algunos aspectos en particular:


- Memoria: si bien es cierto que la tecnología en general, y los smartphones en particular, pueden llevarnos a no necesitar recordar mucha información ya que queda grabada en los mismos y podemos recurrir a ella cada vez que la necesitamos; también es cierto que nos obligan a ejercitar la memoria de una manera diferente, ya que necesitamos recordar una gran cantidad de contraseñas, justamente para acceder a la información que tenemos guardada, y que además muchas de ellas deben ser actualizadas periódicamente, ejercitándonos también en la creatividad -al tener que generar contraseñas seguras pero recordables-.


- Ubicación: por otra parte, teniendo en cuenta que las aplicaciones de localización nos permiten llegar a casi cualquier lugar sin necesidad de saber el camino, y sin ejercitarnos en la ubicación; estas mismas aplicaciones nos permiten optimizar nuestros tiempos de traslado, y a la vez poder conocer nuevos caminos, que de otra forma nos sería mucho más difícil encontrar, brindándonos de esa manera más posibilidades de traslado, y más eficientes.


- Vínculos personales: a pesar de estar "conectados" con mucha gente, al momento de la vinculación personal, principalmente los smartphones nos distraen y dificultan el vínculo personal; pero por otra parte esta misma tecnología nos permite cultivar vínculos a distancia que de otra manera serían mucho más difíciles, ampliando nuestras posibilidades de mantener e incluso retomar vínculos en el tiempo, y generar nuevas oportunidades de vinculación.


Seguramente podemos seguir profundizando estas reflexiones como una manera de ir buscando y encontrando la otra cara de la moneda, una manera de poder ver en positivo los desafíos que se nos plantean, y potenciarlos para poder generar aprendizajes aún en lo que puede parecernos una dificultad, y eso nos lleva también a poder neutralizar los aspectos que pueden surgir como negativos.


La clave es poder enriquecernos con los aprendizajes que surgen de los desafíos de nuestro tiempo.


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