Al inicio de la segunda mitad de este año, me dispongo a recomenzar las publicaciones en el blog, como diría la canción 'después de larga ausencia'; casi dos meses sin publicaciones, precedido por varios meses con publicaciones más espaciadas que una semana, como es mi propósito hacerlo.
Este último tiempo ha estado marcado por la pandemia, que finalmente afectó a nuestra familia -los que vivimos en Paraguay, nuestros tres hijos más chicos, mi esposa y yo-; afortunadamente ya estamos superándola después de algunos días de internación, y de una larga recuperación en casa.
En este propósito de tratar de escribir y darle una frecuencia semanal a las publicaciones, que estoy procurando lograr desde hace unos años, sucede algo similar a los propósitos que podemos asumir en diferentes ámbitos de la vida.
Cada vez que asumimos algún propósito o resolución, estos responden al anhelo de crecimiento en algún aspecto, ya sea en lo personal, en lo familiar, en lo laboral o en lo comunitario, a algún objetivo que nos proponemos conseguir y que sabemos que requiere un esfuerzo significativo, y de esa manera tratamos asegurar el logro del mismo.
De hecho, el trabajar con propósitos nos ayuda en ese camino de crecimiento, porque nos permite ir dando un seguimiento periódico, ir evaluando nuestra evolución, sean avances, estancamientos o retrocesos; pero más allá de eso, nos permite ir construyendo ese camino, paso a paso con todas las dificultades que conlleva.
En ese proceso, muchas veces vamos rectificando el rumbo, y es importante tener en cuenta que lo que a primera vista parece un retroceso, en realidad puede significar la posibilidad para rectificar o retomar el rumbo con más fuerza; como solemos decir, no importa cuantas veces caigas, sino cuántas te volvés a levantar, es decir, no importa cuántas veces nos apartemos de nuestros propósitos, lo importante es volver a retomarlos con más fuerza, tal vez reformulándolos.
Por eso, cada vez que nos apartamos de nuestros propósitos -por el motivo que fuera-, si sabemos y podemos retomar el camino, puede constituirse en una oportunidad para recomenzar con más fuerza, para volver a comprometernos, para poder dar pasos más firmes de crecimiento.
Tal vez puede ser un buen momento, al llegar a la mitad del año, para revisar nuestros propósitos y resoluciones que nos planteamos para este año, para ver cómo estamos, y si es necesario reformularlos o asumirlos con más fuerza para el resto del año, como una manera de recomenzar.
Recomenzar, el anhelo y el compromiso de crecer nos impulsa a volver a asumir los desafíos cada vez con más fuerza.
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