lunes, 8 de abril de 2019

Compartiendo la vida - El nombre y el apodo

Nos identificamos con el nombre que eligieron nuestros padres, algunas veces con la influencia de la familia o los amigos, o el peso de algunas tradiciones, y en algunos casos también con anécdotas que explican el por qué de la elección del nombre.

A modo de introducción

En mi caso mis padres eligieron como primer nombre el de un hermano de papá que falleció muy joven -Antonio- y como segundo nombre el segundo nombre de mi papá -Osvaldo-; normalmente uso mi primer nombre ya que mi hermano menor lleva el nombre de Osvaldo como primer nombre, y de esa manera evitamos las confusiones.

Me gusta el nombre de Antonio, me siento identificado con ese nombre, y aunque he tenido muchos apodos, la mayoría de ellos relacionados con mi nombre o con mi apellido -Toni, Toño, Anthony, Peraltín, y algunos similares-, la mayoría de las personas con quienes me relaciono me llaman Antonio.

Una historia particular

Hace algún tiempo, no puedo precisar con exactitud desde cuándo y en qué situación, me han comenzado a llamar Alberto, y aún no tengo una explicación para esa situación, que no deja de ser extraña para mí, a pesar de que cada vez se ha hecho más frecuente.

Lo curioso del caso es que no sólo me llaman Alberto personas que me conocen por primera vez, sino también personas a quienes conozco desde hace tiempo, y de pronto me cambian el nombre; esto sucede en diferentes ámbitos en los que me desenvuelvo, y también en diferentes países, personas con quienes tengo contacto personalmente, por teléfono y hasta por e-mail.

Me ha pasado de conocer y presentarme a una persona con mi nombre -Antonio-, en un lugar en el que había muchísima gente, y pasadas varias horas, esa misma persona me llama diciéndome Alberto, y una de mis hijas que estaba conmigo me dice esa persona te está llamando; o que en una misma conversación personal, telefónica, por mensajería o en una sucesión de e-mail, me llamen alternativamente por un nombre u otro.

Al principio me sorprendía, y en cierta manera me molestaba, con el paso del tiempo, ya no me sorprende más, ni me molesta, hasta me causa gracia, me pregunto si tendré cara de Alberto y en cierta manera lo tomo como mi apodo; en alguna ocasión en que había que decir algún apodo he dicho que el mío es "Alberto", generando cierta sorpresa y la necesidad de hacer este relato.

La realidad es que no me identifico para nada con el nombre Alberto, por lo que esto de considerarlo un apodo me ha parecido una buena solución.

Mi nombre es Antonio, y mi apodo Alberto.

lmdp-ap-080419

2 comentarios:

  1. Me consta que es así! La gente tiende a cambiar el nombre.

    A mi me ha pasado desde lo básico que no saben cómo escribir mi nombre, aún si está escrito en la firma de mi mail. Y me escriben: Gise, Yise, Gize, Jice. Y todas las posibles combinaciones.

    Pero también me han dicho: Graciela, Jessica, Griselda

    ����‍♀️

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