Nos
identificamos con el nombre que eligieron nuestros padres, algunas veces con la
influencia de la familia o los amigos, o el peso de algunas tradiciones, y en
algunos casos también con anécdotas que explican el por qué de la elección del
nombre.
A modo de introducción
En
mi caso mis padres eligieron como primer nombre el de un hermano de papá que
falleció muy joven -Antonio- y como segundo nombre el segundo nombre de mi papá
-Osvaldo-; normalmente uso mi primer nombre ya que mi hermano menor lleva el
nombre de Osvaldo como primer nombre, y de esa manera evitamos las confusiones.
Me
gusta el nombre de Antonio, me siento identificado con ese nombre, y aunque he
tenido muchos apodos, la mayoría de ellos relacionados con mi nombre o con mi
apellido -Toni, Toño, Anthony, Peraltín, y algunos similares-, la mayoría de
las personas con quienes me relaciono me llaman Antonio.
Una historia particular
Hace
algún tiempo, no puedo precisar con exactitud desde cuándo y en qué situación,
me han comenzado a llamar Alberto, y aún no tengo una explicación para esa
situación, que no deja de ser extraña para mí, a pesar de que cada vez se ha
hecho más frecuente.
Lo
curioso del caso es que no sólo me llaman Alberto personas que me conocen por
primera vez, sino también personas a quienes conozco desde hace tiempo, y de
pronto me cambian el nombre; esto sucede en diferentes ámbitos en los que me
desenvuelvo, y también en diferentes países, personas con quienes tengo
contacto personalmente, por teléfono y hasta por e-mail.
Me
ha pasado de conocer y presentarme a una persona con mi nombre -Antonio-, en un
lugar en el que había muchísima gente, y pasadas varias horas, esa misma
persona me llama diciéndome Alberto, y una de mis hijas que estaba conmigo me
dice esa persona te está llamando; o que en una misma conversación personal,
telefónica, por mensajería o en una sucesión de e-mail, me llamen
alternativamente por un nombre u otro.
Al
principio me sorprendía, y en cierta manera me molestaba, con el paso del
tiempo, ya no me sorprende más, ni me molesta, hasta me causa gracia, me
pregunto si tendré cara de Alberto y en cierta manera lo tomo como mi apodo; en
alguna ocasión en que había que decir algún apodo he dicho que el mío es
"Alberto", generando cierta sorpresa y la necesidad de hacer este
relato.
La
realidad es que no me identifico para nada con el nombre Alberto, por lo que
esto de considerarlo un apodo me ha parecido una buena solución.
Mi
nombre es Antonio, y mi apodo Alberto.
lmdp-ap-080419
Me consta que es así! La gente tiende a cambiar el nombre.
ResponderEliminarA mi me ha pasado desde lo básico que no saben cómo escribir mi nombre, aún si está escrito en la firma de mi mail. Y me escriben: Gise, Yise, Gize, Jice. Y todas las posibles combinaciones.
Pero también me han dicho: Graciela, Jessica, Griselda
����♀️
Compartiendo experiencias ... Gracias Gisse
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