En las
últimas semanas he comenzado a escribir varias notas con diferentes temas, que
en general están relacionados con este tiempo de pandemia que nos toca vivir,
con todo lo que ello implica, al igual que las últimas diez notas que publiqué
abordando diferentes aspectos de esta situación que estamos viviendo, y que nos
va interpelando en muchos aspectos de nuestra vida.
Escoger
alguno de esos temas para hacer esta publicación, no fue tarea fácil, pero
finalmente decidí escribir sobre este mundo virtual en el que tal vez de alguna
manera ya había comenzado a ser parte de nuestra actividad; pero a partir del
aislamiento, se convirtió probablemente en el centro de nuestra vida cotidiana,
en todos los ámbitos, tanto en lo personal y familiar, como en lo religioso, en
lo social y en lo laboral.
Muy
probablemente en este último tiempo hemos incorporado una serie de aplicaciones
que nos permiten mejorar la comunicación tanto desde los smartphones como desde
las computadoras, con mejor calidad, sobre todo con
video, y facilitando la participación de grupos más numerosos.
En este
ambiente virtual se está desarrollando nuestra vinculación con la familia que
no está en casa, comenzando por los hijos mayores, y continuando por los
padres, hermanos, abuelos, tíos, primos y toda la gran familia; también
nuestros amigos, y nuestros vínculos sociales, religiosos y laborales.
Si bien
es cierto que esta comunicación virtual no nos permite el contacto personal,
tan importante en nuestros vínculos, tal vez la situación de aislamiento nos ha
dejado más tiempo disponibles, motivándonos a tener un contacto más frecuente,
permitiéndonos vincularnos más con los que están más lejos, y también nos ha
dado la posibilidad de tener muchos encuentros virtuales, que por razones de
distancia, tiempo o costo, no hubiera sido posible realizarlas en forma física,
con la misma frecuencia y participación.
Esto se
extiende al ámbito de la educación, al punto que nuestros hijos están
desarrollando sus actividades escolares en un ambiente virtual, que los desafía
tanto a ellos como a los profesores y a las instituciones educativas en un
proceso de adaptación, impuesto por las circunstancias y sin previo aviso, y
que significa un gran esfuerzo para todos, incluidos nosotros los padres.
Por otra
parte, seguramente también hemos podido participar de muchas actividades de
información y capacitación, en forma de webinarios, que en forma presencial no
hubiera sido posible hacerlo, ya sea porque tal vez no estuvieran disponibles
para que podamos asistir en nuestros lugares de residencia, o por la dificultad
de administrar los tiempos de traslado, o por el costo de las mismas.
También
en el ámbito religioso, si bien no podemos participar físicamente de las
celebraciones, podemos hacerlo en forma virtual, que evidentemente no es lo
mismo por el significado que tienen; pero nos permite sentirnos parte de
celebraciones de diferentes comunidades en diferentes partes del mundo, en las
que también nos sentimos comunidad.
El mundo
virtual, oportunidad y desafío para vivir los vínculos en este tiempo de
pandemia, y tal vez más allá.
lmdp-ap-120520

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