Hace unas semanas celebramos con mi esposa 30 años de novios, y lo
seguimos celebrando como si fuera el primer mes o el primer año, tal vez no en
la forma, sino en el sentido de valorar el acontecimiento, como parte del
camino de nuestra vida en común.
Celebrar nuestro aniversario de novios, después de casi 29 años de
vida matrimonial, significa para nosotros recordar el comienzo y a partir de
allí renovar nuestra relación con la frescura y la lozanía del inicio del
noviazgo; es una manera de mantener la novedad del amor conyugal.
Por supuesto que se trata de un amor que queremos que siga siendo
nuevo, pero acrisolado con la experiencia de estos 30 años de vivencias que han
fortalecido y enriquecido nuestra relación, a través de los momentos
compartidos de alegría, de felicidad y también aquellos de crisis, de dificultades; todo
ha contribuido a afianzar nuestro amor, en esa búsqueda permanente de crecer cada día, sabiendo que nos falta mucho camino por recorrer.
A poco de comenzar nuestro noviazgo creo que teníamos en claro que
ibamos a casarnos, aunque no tan pronto como lo hicimos; nuestro noviazgo duró
poco más de un año, al cabo del cual nos casamos, ya que surgió una oportunidad
laboral en Paraguay, y percibimos que era el momento de dar el paso, de
concretar ese anhelo de compartir nuestra vida juntos para siempre.
La vivencia de nuestro breve noviazgo, casi sin darnos cuenta, de
alguna manera fue sentando las bases del comienzo de nuestra vida matrimonial; con algunos aspectos que nos marcaron mucho y en los que seguimos tratando de crecer:
- el diálogo, profundizando nuestro vínculo, tratando de
conocernos más, de encontrar nuestros puntos de contacto, lo que nos une;
- el pensar en plural, en nosotros, a partir de nuestra
originalidad, sin perder el yo, potenciándolo en el nosotros;
- con una mirada en el largo plazo, construyendo una relación
duradera, para toda la vida, mirando en la misma dirección;
- con la presencia de Dios en nuestras vidas, como guía, que nos
conduce en el camino de vivir en plenitud.
Con ese espíritu celebramos cada aniversario de noviazgo, como
matrimonio, porque así fuimos creciendo y siempre es importante volver al
origen para saber de dónde venimos, observar el camino que hemos recorrido
valorando cada paso, cada fracaso y cada logro, manteniendo la mirada puesta en seguir creciendo en nuestro amor.
Recordar nuestros primeros pasos, manteniendo la novedad del
primer amor, para que nuestra vida matrimonial sea una vida en plenitud.
lmdp-ap-050220

Los admiro y los felicito!!! Hermosa reflexión Antonio
ResponderEliminarMuchas gracias Tere ... Saludos
EliminarFelicidades! Una luz para muchos que empiezan ese camino!
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario ... Saludos ...
EliminarHola Antonio , gracias por tu reflexión. Tenemos vidas matrimoniales más o menos con los mismos tiempos .Solo que nosotros tuvimos un poco más de tiempo de novios(apenas un másaño )Nosotros sentimos a los pocos días que seguro nos íbamos a casar Tal vez allí, en esa chispa, en ese no se que , está la clave de un amor que atraviesa días de sol y tormentas, y siempre sigue en pie,También. Como decis , con la imprescindible necesidad de mantener la frescura del primer amor. Abrazo
ResponderEliminarCierto Mabe ... compartimos ese gran desafío de volver a elegrinos cada día ... Gracias por tu aporte
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