Cuando
nos vamos acercando al final del año nos surge la inquietud de plantearnos
analizar cómo nos fue, mirando lo que pudimos lograr, lo que nos quedó
pendiente, los desafíos que se nos presentan; los diferentes ámbitos en los que
pudimos crecer y avanzar, y en los que no.
Por
eso solemos decir que estamos en tiempo de evaluar, de hacer un balance de los
diferentes aspectos de nuestra vida, en lo personal, en lo familiar, en lo laboral, en lo social; y como ha sido nuestro desempeño en este período.
Este
tiempo de evaluar podemos mirarlo en una triple perspectiva: mirar hacia atrás,
haciendo un recuento de lo que hicimos y cómo nos resultó; eso nos permitirá
situarnos en el presente al identificar cómo y dónde estamos; y a partir de
allí proyectarnos hacia el futuro, mirando hacia adelante.
En
una nota anterior relacionada a la evaluación del proceso de decisión y los
resultados de la ejecución de lo decidido, abordé algunos aspectos de la
evaluación que forman parte del proceso de evaluación, que en esta oportunidad pretendo ampliar, tomándolos como punto de partida, al referirme a la evaluación
en general como una revisión de lo actuado.
Esto nos permite de alguna manera cerrar una etapa, para
comenzar una nueva, dando valor a lo que hicimos, aprendiendo de los logros y
los fracasos; a modo de retroalimentación, como parte del
aprendizaje que nos enriquece y nos hace crecer capitalizando las experiencias.
Un
aspecto importante a resaltar es que se trata principalmente de una
autoevaluación, en la que nosotros mismos estamos evaluando nuestro propio desempeño; para lo cual es importante tener en cuenta algunas aspectos que nos pueden
ayudar para que sea más efectiva:
-
Se trata de un proceso de reflexión sincero, que nos lleva a
analizar en profundidad nuestro actuar, en el que se requiere una buena dosis de
espíritu crítico, para lograr una adecuada valoración de lo realizado y lo
conseguido y evitar el riesgo de caer en extremos: ser excesivamente exigentes
con nosotros mismos o ser excesivamente condescendientes; por lo tanto se
requiere también de mucho equilibrio, para lo cual puede ayudar también tener
una evaluación externa, que generalmente es más imparcial, y por lo tanto más
equilibrada.
-
Debe inspirarnos el anhelo de crecer y la predisposición a cambiar,
esto nos lleva a poder apoyarnos en los aspectos fuertes y los logros, como
punto de partida para poder superar los aspectos negativos y los fracasos, que
son la fuente de los desafíos futuros.
-
Estos desafíos deben poder materializarse en planes de acción concretos que
conviertan el proceso de evaluación en una oportunidad de crecimiento que pueda
hacerse realidad.
Tiempo de evaluar, tiempo de mirar pasado, presente y futuro, que
nos permita convertir la experiencia de la evaluación en una experiencia de
aprendizaje.
lmdp-ap-221219

M¡gracias Antonio!Muy valioso lo expuesto. Suerte en ese proceso.A mí me producía mucha ansiedad negativa .Elijo transitar este tiempo algo más relajada, con una evaluación no tan estructurada Sin este formato tradicional. Al menos por ahora.
ResponderEliminarGracias Mabel ... más allá del formato es importante que podamos evaluar ... y proyectar...
EliminarMe parece genial lo expresado... El otro día escuchaba por radio a una psicóloga que recomendaba no hacer evaluaciones porque estresan y angustian...
ResponderEliminarSi bien esto puede ser un poco así, creo que ver lo transcurrido y aprender de ello es bueno! Lo hagamos a fin de año o después de pasado el tragín que generan las fiestas...
Muchas gracias Antonio por la reflexión!
ResponderEliminarMucha gracias Tere
EliminarGracias Laura por el comentario ... tal vez lo importante sea tener una mirada positiva a la.evaluacion como proyección y no tanto para ver si hice o no ...
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