Continuando
con este tema apasionante de la comunicación, que tengo la impresión que siempre despierta
nuestro interés; en esta oportunidad, quiero dar un paso de profundización en
este tema y referirme específicamente al diálogo.
Probablemente
para algunos esto signifique entrar a hilar muy fino en el tema, o perdernos en
distinciones teóricas que pueden no aportarnos valor a la hora de plasmarlo en
nuestra vida cotidiana; no obstante, creo que es posible extraer algunos
elementos concretos que nos permitan seguir profundizando.
Al
hablar del tema, tal vez nos surjan algunas inquietudes conceptuales, como por
ejemplo: que una cosa es comunicarnos y otra muy distinta es dialogar, ¿será así?;
o algunas preguntas más prácticas como: ¿por qué es tan difícil dialogar?,
¿cómo hacer para que el diálogo sea posible?, ¿qué hay que hacer para poder
dialogar?.
En
las publicaciones anteriores hice referencia a la comunicación, y esta puede
tomar diferentes formas, en algunos casos podemos decir que se trata de una
conversación, un intercambio entre personas, generalmente sobre diferentes
aspectos de una materia determinada; en otras podemos referirnos a información
que se intercambia sobre un hecho o situación.
También
la comunicación puede tomar la forma de diálogo, cuando se trata de un
encuentro personal de dos personas como personas, a través del cual se
comunican mutuamente. Aunque suene redundante, el remarcar "como
personas" tiene el sentido de que no lo hacen desde su ser personas,
en sus roles o funciones, sino comprometiéndose
personalmente, en un dar y recibir a partir de lo propio, involucrando
actitudes, convicciones, opiniones, principios, proyectos, sentimientos.
En
este camino del diálogo como encuentro personal, surgen dificultades diversas,
que pueden radicar en el impacto de la tecnología que nos mantiene
"conectados", pero sin vínculos personales; también influye el hecho
que nos cueste desprendernos de nuestros roles o funciones, y sea difícil
involucrarnos personalmente.
Es
posible que también surjan algunos obstáculos para el diálogo, relacionados con
el ritmo acelerado de vida que nos dificulta dedicar tiempo; o el temor a
abrirnos al otro, a involucrarnos y comprometernos, donde también inciden mucho
las experiencias anteriores -sobre todo las negativas-, que a veces nos
condicionan.
Por
otra parte, el diálogo puede obstaculizarse cuando encasillamos a la otra
persona, al ponerle un rótulo o una etiqueta, a partir de nuestras suposiciones
o de la imagen que nos formamos del otro, que nos impide conocerlo en profundidad,
y a la vez supone una limitación para el otro, ya que lo condiciona.
El
diálogo, desafío para la comunicación interpersonal, que nos vincula profundamente y nos compromete.
lmdp-ap-010819

Muchas gracias Antonio por esta reflexión!!!
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentarios
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