La
celebración del día de niño nos lleva a recordar nuestra época de niños, el
compartir en familia, con los hermanos, con los compañeros y amigos de
infancia, la escuela, los juegos, las aventuras, las travesuras, también los
momentos difíciles.
Haciendo
una mirada retrospectiva a esos recuerdos y experiencias que seguramente
marcaron nuestra vida, uno de los primeros aspectos que surge es la comparación
de las vivencias de nuestra niñez con la niñez actual.
Esa comparación nos lleva claramente a plantearnos las grandes diferencias, y como el ritmo de vida
más acelerado, el cambio en los valores y el avance de la tecnología, han
producido una gran transformación, que no se detiene y que se profundiza en el tiempo.
Es en este punto donde nos cuestionamos si esta transformación ha sido para bien, y tal vez nos llegamos a plantear si no es verdad que "todo tiempo pasado fue mejor", pero ese planteo nos deja una
sensación negativa que no construye; no podemos volver al pasado, pero podemos
contribuir a transformar el futuro para mejor.
Podríamos
hacer una lista de las vivencias de la niñez de antes y de ahora, resaltando los
aspectos positivos y negativos de cada época; un ejercicio que puede ser muy
interesante, en la medida en que nos permita rescatar lo positivo para
potenciarlo y re-editarlo, y lo negativo para asumir el desafío de
superarlo.
Lo
dejo planteado como un primer desafío, puede ser un ejercicio que nos ayude a tener
una mirada proactiva y contribuya a mejorar las vivencias de la niñez hacia el
futuro.
Pero
más allá de estos aspectos que tal vez son más externos, creo que podemos
rescatar también algunas características del ser niño, que si las
experimentamos como adultos pueden ser un aporte valioso para el tiempo
actual.
Algunas
de esas características podrían ser la inocencia, la espontaneidad, la
autenticidad, la sinceridad, la confianza, la seguridad, la dependencia,
la alegría, la capacidad de aprender y de jugar; y podríamos seguir completando la lista.
Este
sería un segundo desafío: rescatar estas características y experimentarlas como
adultos, no dejar de ser niños en esos aspectos, lo cual no significa que nos hemos
quedado en el tiempo, que no hemos madurado; al contrario, significa que podemos
crecer y madurar, pero sin perder esas características, que nos hacen mejores
personas.
Seguir siendo siendo niños, el desafío de crecer y madurar sin
perdernos lo mejor.
lmdp-ap-190819

Me gusta mucho, siempre con corazón y ojos de niño.
ResponderEliminarMuchas gracias mi amor por tus comentarios
EliminarHola !la capacidad de asombro es lo que más me gusta de los niños
ResponderEliminarGracias Mabel por tus omentarios ... en esto de ser niños ... que nunca perdamos la capacidad de asombro
EliminarQue linda reflexión y es verdad cuantas cosas que rescatar de los niños para no perder en nuestra vida adulta
ResponderEliminarGracias Monica por tu comentario. Que bueno que podamos rescatar esas pequeñas cosas ...
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