Nuevamente estoy en Coronel Suárez, mi ciudad natal, de visita unos días como cada año en los últimos 27 años, en que al menos una vez al año venimos en familia a visitar a mis padres -desde hace tres años sólo a mi mamá- y mis hermanos y sobrinos, y también a reencontrarme con mi historia, con la tierra que me vio nacer y crecer.
El sentido de estas visitas es fundamentalmente el encuentro familiar, el poder tener un momento en el año en el que poder compartir junto a ellos, compartir como familia grande, enriquecernos con ese vínculo, que nos une a nuestras raíces, que nos enlaza con la historia familiar.
Si bien el sentido de nuestras visitas es ese encuentro familiar, el entorno hace que sea también un volver a revivir muchos recuerdos, vinculados a las personas, a los lugares, a los acontecimientos vividos, a esas vivencias y experiencias que fueron marcando mi vida desde el comienzo.
En estas visitas periódicas surgen los encuentros espontáneos, muchas veces con personas que hace mucho tiempo que no veía y, con quienes he compartido momentos importantes de mi vida; y afloran los recuerdos, las anécdotas, y junto a ellos vienen a la memoria las personas, las circunstancias, lo que fue marcando la vida.
Y a la par de los encuentros con las personas, están las recorridas por lugares vinculados a mi historia de vida, que puedo compartir con mi esposa y con mis hijos, recordando acontecimientos, personas, aprendizajes; es como poder compartir un poco más la vida con ellos a través de ese revivir de mi historia personal, que muchas veces se repite.
Una experiencia gratificante es ver la dinámica que va tomando mi ciudad natal, nuevos profesionales que llegan, nuevos emprendimientos, el crecimiento de la ciudad y en particular de los diferentes barrios, que no son sólo recuerdos, sino que también son proyección.
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