lunes, 19 de febrero de 2018

Compartiendo la vida - Celebrar

Con mi esposa nos gusta celebrar los acontecimientos importantes de nuestra vida, y celebrarlos en el sentido de alegrarnos por cada acontecimiento, y hacer algo especial para conmemorarlo, para recordarlo, para valorarlo, para dar gracias. 

Es así que celebramos cada mes de novios y de matrimonio, cada cumpleaños y bautismo de nuestros hijos, y otras fechas importantes de nuestra familia chica, nuestra familia grande y nuestra comunidad.

También celebramos los "días de ...", que es tradición celebrar, como el día de la madre, del padre, del niño, de los enamorados, de nuestras profesiones, y algunos más; aunque cada vez más nos sorprendemos de que surgen nuevos "días de ...", aunque algunos no tienen mucho fundamento, pero que poco a poco se van instalando como fechas a celebrar.

Desde hace un tiempo a esta parte vemos cómo se va profundizando el aprovechamiento  comercial de los "días de ...", que siempre existió, pero que ahora pareciera que cada vez más el centro de estas celebraciones pasa por lo comercial, en algunos casos desplazando a la celebración en sí.

Hace unos días celebramos el día de los enamorados, celebración que en los últimos años ha tomado un tinte sumamente consumista, principalmente en las propuestas de la industria gastronómica, que ofrecen cenas románticas con unos precios exorbitantes, pero que tienen una demanda tal que llegan a agostarse las reservas. Claro, nadie quiere quedar atrás en celebrar el amor, al precio que sea; aún cuando a veces la cena romántica no es sólo con la pareja, sino entre un grupo de parejas todas juntas en una misma mesa.

Recuerdo que hace algunos años, cuando esta escalada de precios comenzaba, nuestros hijos celebraron el día de los enamorados, cocinando y cenando en casa, u organizando entre amigos la cena romántica, una alternativa sumamente válida, ya que rescataba lo más importante de la celebración.

Este año con mi esposa nos planteamos cómo celebrar el día de los enamorados, y después de ver las exorbitantes propuestas de los locales gastronómicos y otros, me propuso tener nosotros nuestra cena romántica en casa; y acepté su propuesta.

Puedo decir que fue la mejor celebración del día de los enamorados: cenamos en el balcón de nuestra habitación, cuidadosamente ambientado por mi esposa con la complicidad de nuestros hijos más chicos; un menú en tres pasos preparado por mi esposa -excelente cocinera gourmet-, acompañada por un rico vino, y con un fondo musical que invitaba a bailar, y así lo hicimos.

Con estos comentarios quiero rescatar el sentido de las celebraciones, que el consumismo en el que nos toca movernos no nos quite el espíritu de las celebraciones, que podamos ser creativos, y como solía decir nuestra hija mayor, poder ir contracorriente.

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