Como matrimonio, y también como familia compartimos la experiencia
de ser parte de una comunidad de matrimonios que queremos construir familia
desde nuestra propia familia.
Hace
más de 20 años que, con todo el empuje de nuestra juventud -tal vez sin ser totalmente
conscientes del camino que emprendimos-, con coraje y audacia, con muchos
anhelos e ilusiones, comenzamos este hermoso camino, en el que fuimos
aprendiendo cuánto teníamos por recorrer, y por sobre todo que eso dependía de
nosotros.
Hemos
venido avanzando paso a paso, no sin dificultades, creciendo cada día o al
menos haciendo el esfuerzo por lograrlo; fortaleciéndonos y enriqueciéndonos
con la vida y el testimonio de cada matrimonio y cada familia, tratando de
poner lo mejor de nosotros; en un camino que no concluye, en el que tenemos
mucho para seguir creciendo.
En
este tiempo hemos ido creciendo en forma gradual, en todas las dimensiones;
partiendo desde lo personal, a partir de la experiencia de sentirnos hijos, no
sólo hijos de Dios y de la Virgen María -nuestra gran aliada-, sino también
experimentando ser hijos dentro de la comunidad; y esto nos da seguridad, nos
hace crecer y transformarnos, nos capacita para salir de nosotros mismos.
En
ese camino, nuestro yo fue dando lugar al nosotros, para crecer en nuestra vida
matrimonial, en nuestro proyecto común, aprendiendo a superar las
dificultades de cada día, descubriendo siempre lo mejor en nuestro cónyuge, que
nos enriquece y nos permite hacernos felices mutuamente; sabiendo con contamos
con la gracia de Dios en nuestro matrimonio, que nos sostiene y nos impulsa a
vivir el amor en plenitud.
A
partir de nuestro amor conyugal, aprendimos a construir nuestra comunidad de
vida y de amor, que se plenifica y hace fecunda con el maravilloso regalo de
los hijos, que nos hace familia y nos permite experimentar un aprendizaje
cotidiano, enriqueciéndonos en la experiencia de aprender a ser padres;
buscando encender en nuestros hijos la vida, a partir de las vivencias
compartidas.
Nos empeñamos
en hacer concreta la construcción de la comunidad, experimentando el ser hijos,
y también el ser padres y hermanos; cultivando nuestra vinculación con Dios y
la Virgen María, entre nosotros, con los demás, y también construyendo un
vínculo sano con la naturaleza, el trabajo, los bienes.
En
este camino nos sostiene la comunidad de matrimonios, con quienes compartimos
nuestros ideales y nos sentimos familia; en primer lugar, con nuestra pequeña
comunidad de matrimonios, nuestros compañeros en esta aventura, en esto de
construir familia y de hacerlo lo mejor posible a pesar de nuestras
limitaciones.
Esa
experiencia de familia, la vivimos con los matrimonios de la comunidad más
grande y también como una extensión de esa gran familia, con los matrimonios de
la comunidad internacional; superando las barreras del idioma y la cultura,
porque compartimos y vibramos por un mismo ideal.
Cada
vez que tenemos la oportunidad de compartir acontecimientos, experiencias y
vivencias, revivimos este ser parte de una gran familia de familias, que nos
ayuda a vivir el ideal de la comunidad.
Una
familia de familias, con la que queremos construir familia desde nuestra
familia.
lmdp-ap-011019
Gracias Antonio . Cada uno de nosotros(de nuestro 5matrinonios) no sería el que es sino perteneciera a este grupo de familias .Lo más maravilloso para mí es como amasamos de a poco, ese difícil decir nosotros.Aun nos cuesta .Pero, ese es el Cielo .Un vivir siendo Uno en Dios
ResponderEliminarGracias Mabel ... por tu comentario ... pero por sobre todo por estos años compartidos como parte de la comunidad ... Saludos
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