Como
suele sucedernos a los padres, vamos aprendiendo y conociendo siguiendo a
nuestros hijos, ya sea en sus actividades educativas, deportivas, artísticas,
laborales; y en nuestro caso, podemos decir que también vamos aprendiendo y
conociendo acompañando sus procesos de migración.
En
esta oportunidad esto de seguir a nuestros hijos nos llevó a conocer Ciudad de
México, una ciudad y un país que no habíamos tenido la oportunidad de conocer
aún.
Nuestro
viaje tenía como objetivo principal encontrarnos con nuestra hija y su novio,
conocer el lugar donde viven, el lugar donde trabajan y realizan sus
actividades, sus amigos, el entorno en el que se mueven; de todas maneras
sabíamos que más allá de esto, también era la posibilidad de conocer la ciudad
y el país donde viven.
En
la semana que compartimos, que pasó más rápido de lo que imaginamos, pudimos
aprovechar para ir poniéndonos al día mutuamente, compartir vivencias y
acontecimientos con ellos y con sus amigos, recordar anécdotas familiares,
divertirnos con juegos de mesa -actividad muy propia de nuestra familia-,
recorrer la ciudad y sus alrededores.
En
estos días, nuestras recorridas nos llevaron a conocer lugares históricos,
culturales y religiosos, a través de los cuales pudimos adentrarnos un poco en
la historia, en la cultura y en las tradiciones; y en particular en la
gastronomía propia del lugar, experimentando los diferentes sabores,
aunque no llegamos a probar los más "picosos".
Afortunadamente
el idioma no era un inconveniente, aunque como sucede en cada país de habla
hispana, a pesar de compartir el mismo idioma, las palabras no tienen el mismo
significado, que además está influenciado por el idioma nativo de cada región; y
tiene su acento propio, no sólo en el país, sino también en cada región.
Aprendimos
palabras y sobre todo expresiones nuevas, muy propias del lugar, que en casi
tres años nuestra hija fue incorporando, y asimilando como propias; y eso no
sucede sólo con las palabras y las expresiones, sino también con las costumbres
del lugar, que también forman parte de su vida cotidiana.
Si
bien disfrutamos mucho estos días, nos quedamos con la sensación de que nos
quedó mucho por compartir, por recorrer, por conocer, por aprender, por
experimentar; esto significa de alguna manera que tenemos que volver en algún
tiempo para seguir conociendo y aprendiendo.
Seguramente
siguiendo a nuestros hijos migrantes, tendremos la oportunidad de visitar otros
lugares, conociendo y aprendiendo de su historia, su cultura y sus tradiciones.
Acompañar
a nuestros hijos nos lleva a enriquecernos, conociendo y aprendiendo junto
ellos.
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Claro que sí! Acompañarlos... Es vivir también un poco su aventura... Y quiera Dios que vuelvan pronto! Lo mismo deseamos para nosotros cuando Victoria vuelva a partir....
ResponderEliminarAcompañamos cada etapa de la vida de nuestros hijos ... Compartiendo cada paso que dan ... Gracias Laura por tu comentario
EliminarQué hermosa e interesante reflexión! Qué valiosa la experiencia de vida entre padres e hijos!
ResponderEliminarNos enriquecemos compartiendo la vida ... Gracias Tere
EliminarTenés razón! Muchas gracias por tus reflexiones!
EliminarCómo siempre , muy interesante. Superado el temor de la distancia en los vínculos, el corazón se amplía y el universo también, con las elecciones de vida de nuestros seres amados, en especial , la de nuestros hijos.
ResponderEliminarMuchas gracias Mabel por tu comebtario. Muy interesabte tu aporte ...
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