jueves, 1 de agosto de 2019

Compartiendo la vida - Comunicación y diálogo

Continuando con este tema apasionante de la comunicación, que tengo la impresión que siempre despierta nuestro interés; en esta oportunidad, quiero dar un paso de profundización en este tema y referirme específicamente al diálogo.

Probablemente para algunos esto signifique entrar a hilar muy fino en el tema, o perdernos en distinciones teóricas que pueden no aportarnos valor a la hora de plasmarlo en nuestra vida cotidiana; no obstante, creo que es posible extraer algunos elementos concretos que nos permitan seguir profundizando.

Al hablar del tema, tal vez nos surjan algunas inquietudes conceptuales, como por ejemplo: que una cosa es comunicarnos y otra muy distinta es dialogar, ¿será así?; o algunas preguntas más prácticas como: ¿por qué es tan difícil dialogar?, ¿cómo hacer para que el diálogo sea posible?, ¿qué hay que hacer para poder dialogar?.

En las publicaciones anteriores hice referencia a la comunicación, y esta puede tomar diferentes formas, en algunos casos podemos decir que se trata de una conversación, un intercambio entre personas, generalmente sobre diferentes aspectos de una materia determinada; en otras podemos referirnos a información que se intercambia sobre un hecho o situación.

También la comunicación puede tomar la forma de diálogo, cuando se trata de un encuentro personal de dos personas como personas, a través del cual se comunican mutuamente. Aunque suene redundante, el remarcar "como personas" tiene el sentido de que no lo hacen desde su ser personas, en sus roles o funciones, sino comprometiéndose personalmente, en un dar y recibir a partir de lo propio, involucrando actitudes, convicciones, opiniones, principios, proyectos, sentimientos.

En este camino del diálogo como encuentro personal, surgen dificultades diversas, que pueden radicar en el impacto de la tecnología que nos mantiene "conectados", pero sin vínculos personales; también influye el hecho que nos cueste desprendernos de nuestros roles o funciones, y sea difícil involucrarnos personalmente.

Es posible que también surjan algunos obstáculos para el diálogo, relacionados con el ritmo acelerado de vida que nos dificulta dedicar tiempo; o el temor a abrirnos al otro, a involucrarnos y comprometernos, donde también inciden mucho las experiencias anteriores -sobre todo las negativas-, que a veces nos condicionan.

Por otra parte, el diálogo puede obstaculizarse cuando encasillamos a la otra persona, al ponerle un rótulo o una etiqueta, a partir de nuestras suposiciones o de la imagen que nos formamos del otro, que nos impide conocerlo en profundidad, y a la vez supone una limitación para el otro, ya que lo condiciona.

El diálogo, desafío para la comunicación interpersonal, que nos vincula profundamente y nos compromete.

lmdp-ap-010819

2 comentarios: