Este tiempo de crisis que vivimos en medio de la pandemia del
coronavirus -COVID-19- nos plantea desafíos, oportunidades, pero también nos
interpela en el sentido de su impacto no sólo en el presente, sino también en
el futuro.
Con
diferentes modalidades o acentuaciones, probablemente muchos de nosotros ya
hemos escuchado decir, o lo hemos dicho nosotros mismos, que cuando todo esto
termine muchas cosas serán diferentes, aunque tal vez todavía no sepamos ni
cuándo y ni cómo terminará, y mucho menos en qué sentido se dará el cambio,
pero suponemos que este se dará.
Las especulaciones sobre el cambio y sobre todo sobre el sentido del cambio, recorren un
espectro muy amplio de alternativas de proyecciones, que van desde las más
pesimistas hasta las más optimistas, algunas muy fantásticas y otras muy
trágicas, aquellas que determinan quiénes son los perdedores y los ganadores,
las que se basan en modelos predictivos y las que se basan en la intuición; en
definitiva cada quien lo mira desde su realidad, desde sus percepciones, desde sus miedos, y
también desde sus anhelos más profundos.
Por otra parte hay quienes el peso de la crisis y la imperiosa
necesidad de tomar decisiones radicales a corto plazo en diferentes ámbitos, de
las que dependen muchas personas, no les ha permitido aún tomar la distancia
necesaria para poder mirar un poco más allá y plantearse qué pasará después; es
cierto que a veces es necesario resolver lo inmediato que abruma, para poder
proyectarse.
En algún momento, más temprano o más tarde, todos tendremos que
plantearnos qué pasará cuando todo esto termine, cuál será el sentido del
cambio, qué cambiará en el contexto familiar, comunitario, nacional, mundial,
en todos los ámbitos de la vida, en lo social, en lo político, en lo económico
Muchos de estos cambios se irán dando y estará fuera de nuestro
alcance poder hacer algo al respecto, pero habrá otros cambios que dependerán
de lo que nosotros hagamos o dejemos de hacer; es por eso que debemos estar
atentos, para poder ser artífices, protagonistas de ese cambio, y no meros
espectadores.
Esto significa una gran responsabilidad para cada uno de nosotros,
y como ya compartía en una nota anterior también una oportunidad, no sólo para vivir
este tiempo de crisis, sino principalmente para lo que vendrá después, asumiendo el sentido de
pertenencia, la corresponsabilidad y la solidaridad, para generar un cambio
proactivo y positivo de cara al tiempo que viene.
En este tiempo de cambio que se abrirá cuando termine esta crisis,
tenemos la responsabilidad y la oportunidad de ser protagonistas del cambio.
lmdp-ap-190420
lmdp-ap-190420

Excelente reflexión. Ver en el cambio una oportunidad.
ResponderEliminarEsa es la idea. Gracias por tu comentario Tere.
Eliminar