En esto de formar el equipo, en el sentido de un grupo de trabajo
con una misión común, uno de los desafíos es la conformación del mismo, la
identificación de las personas que van a integrarlo.
En mis notas anteriores sobre "Formando el equipo", en
primer lugar hice una introducción, en la que puse énfasis en la
"misión", en el sentido de finalidad y trascendencia, de pertenencia
y de compromiso, y también la importancia de la conducción; y luego desarrollé
algunos aspectos relacionados con la "delegación" de tareas (no de
responsabilidades) y la importancia del factor personal a la hora de delegar,
así como el compromiso y el crecimiento; relacionado con estos temas, en esta
nota voy a enfocar lo referente a la conformación del equipo.
A la hora de trabajar en la conformación del equipo, a partir de
lo mencionado más arriba, uno de los aspectos importantes es tener una visión
integral del equipo, de los diferentes roles, de la interacción entre los
mismos, y sobre todo tener bien en claro cuál es el perfil requerido para cada
uno de las posiciones; que no sólo debe ser técnico, con la formación,
conocimientos y experiencias requeridas, sino un perfil en el que son claves
los factores "personales", sus valores, su estilo de trabajo,
sus actitudes, sus potencialidades.
A partir de la definición de ese perfil, el desafío es encontrar el
candidato más adecuado para el mismo, teniendo en cuenta todos los elementos
del perfil, con un acento importante en los factores personales, pero también
con una mirada proyectiva, que tenga en cuenta el potencial de la persona y no
sólo una mirada a su situación en cuanto a su desarrollo presente.
Estamos formando equipos que perduren en el tiempo, en ese
sentido, lo ideal es que los miembros del mismos sean los más adecuados en el
tiempo, es decir que puede suceder que en el momento de incorporarse todavía no
respondan totalmente al perfil, pero que tengan potencial para desarrollarse, y
luego de un proceso de formación, desarrollo y acompañamiento puedan responder
plenamente al mismo.
Esto es particularmente decisivo, cuando tenemos diferentes
alternativas de potenciales candidatos, con diferentes grados de cumplimiento
del perfil, en que no se pueda concluir a simple vista cuál es mejor, ya que
cada uno puede tener sus puntos fuertes y débiles en diferentes ámbitos, y con
distinto grado de desarrollo; y aquí es donde la mirada proyectiva cobra mayor
importancia, porque nos permite seleccionar aquel candidato que pueda ser el
más adecuado en el tiempo.
Estos elementos configuran algunas de las claves de este proceso,
para el cual se requiere una visión profesional, una visión personal, pero
sobre todo mucho de intuición, respaldada por el aporte de la experiencia.
Estamos formando equipos de trabajo, pero sobre todo equipos de
personas.
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