Hace un año comenzaba mis publicaciones en el blog, dando gracias
por los 27 años de matrimonio, ahora estamos celebrando un año más y quiero
compartir algunas reflexiones sobre la vida matrimonial.
En este tiempo de amores líquidos, de vínculos superficiales,
inestables, descartables, ha sido muy gratificante compartir en el último
tiempo el aniversario de muchos matrimonios, desde los que celebran sus
primeros años, a los que ya llevan muchos años de vida matrimonial, cada uno
con sus propias historias de vida compartida, con sus alegrías y sus
dificultades, pero juntos, compartiendo la vida, y sobre todo viviendo y
celebrando el amor conyugal.
Es muy interesante ver como los matrimonios que celebran sus
primeros años, transmiten esa ilusión de los primeros pasos juntos de toda una
vida por delante, con todos los desafíos y una mirada de esperanza; mientras
que los que ya llevan muchos años de vida matrimonial, transmiten cómo el paso
del tiempo, los hijos y nietos (también los bisnietos), las alegrías y las
dificultades, los logros, las pruebas, han ido consolidado su relación y a
través de los años no han perdido los detalles de estar atentos el uno al otro,
aún a pesar de las dificultades propias de la edad.
Cuando dimos nuestro sí para siempre, hace 28 años, nos prometimos
fidelidad, que tiene que ver con ese vínculo personal y exclusivo que nos une,
con esa entrega mutua sin reservas, independientemente de las situaciones que
nos toque vivir, en los momentos buenos y en las dificultades; y también nos
prometimos amarnos y respetarnos todos los días de nuestra vida, amarnos tiene
que ver con la entrega, con estar para el otro, con la búsqueda de la felicidad
del otro, y respetarnos tiene que ver fundamentalmente con conocer, aceptar y
valorar al otro tal como es. Y esa promesa de fidelidad, amor y respeto, es para
siempre, y en todas las circunstancias, las buenas y las no tan buenas,
enriqueciéndonos al superar las dificultades y desafíos, para todos los días de
nuestra vida.
En ese sentido hace algunos años hemos tomado la costumbre de renovar cada día nuestras promesas matrimoniales, como si fuera el primer día; en la certeza de que la presencia de Dios en nuestro matrimonio nos regala sus gracias para vivirlo en plenitud, cada día y todos los días.
Para nosotros, entre otras cosas, esa vida en plenitud pasa por sentirnos "uno", aportando cada uno nuestro propio yo, nuestra individualidad, nuestra originalidad, y convirtiéndonos de esa manera "uno", sintiendo, pensando y actuando como "nosotros".
Y ese sentir, pensar y actuar como uno, como nosotros, tiene que
ver con forjar un proyecto de vida en común, con aprender a mirar juntos en la
misma dirección; muchas veces con entendernos con una mirada o compartir el
mismo pensamiento, pero sobre todo con caminar juntos por la vida.
Seguimos compartiendo nuestra vida, todos los días de nuestra
vida.
lmdp-ap-020219

Feliz aniversario Compañero Don Antonio O. Peralta que siga los éxitos y triunfe siempre el Amor Dios bendiga a Ud.y su hermosa Flia.
ResponderEliminarMuchas gracias!
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