lunes, 25 de enero de 2021

Valorar la vida

El comienzo de este año ha estado marcado por dificultades graves de salud de gente muy allegada, amigos y colaboradores, y por el fallecimiento de personas muy cercanas y queridas; estas situaciones me llevaron a reflexionar -nuevamente- sobre el valor de la vida.

Lo primero que me surge es la gratitud, hemos recibido gratuitamente la vida, el gran regalo de Dios a través de nuestros padres, como punto de partida de ese camino que nos toca construir paso a paso, y en el que ellos nos fueron acompañando a dar los primeros pasos, a ir creciendo gracias a su entrega generosa, y a la de muchos que nos fueron acompañando y siendo protagonistas de nuestro proceso de vida.

Por eso la gratitud se extiende a todos los que nos aportaron su granito de arena en nuestro camino -que seguramente es una larga lista, que podemos tomarnos el trabajo de escribir-; y lo hicieron a partir de sus virtudes y también de sus limitaciones, con lo que nos enseñaron y con lo que pudimos aprender, pero sobre todo con su ejemplo de vida, que es lo que marca la diferencia.


La vida es un don y como tal presupone una tarea, y en ese sentido, cada uno está llamado a hacer su aporte a la vida de los demás, de la comunidad, desde la propia vida, desde su ser y su misión.

En ese proceso de construir nuestra vida, el gran desafío es descubrir nuestra propia identidad, nuestra originalidad, el sentido de nuestra vida, nuestra misión en la vida, con la mirada puesta más allá de nosotros mismos; y poder ir haciéndola realidad en lo cotidiano, en acciones concretas, que trasciendan.

En este punto es interesante recordar uno de los cuatro principios fundamentales que enunció el Papa Francisco -antes de ser Papa-, "el tiempo es superior al espacio", en el sentido de tener el enfoque en el proceso más que en los resultados, en el crecimiento progresivo, con la visión puesta en el largo plazo.

En ese camino podemos hacer una mirada en profundidad a nuestra vida, en primer lugar con un sentido de gratitud a Dios y a todos aquellos que nos guiaron, nos acompañaron y fueron parte en este camino; y a la vez volver a asumir el desafío de comprometernos con nuestros ideales que dan sentido a nuestra vida y la proyectan a los demás.

Valorar la vida, con gratitud, como don y tarea, con un sentido de misión y trascendencia.

lmdp-ap-25012021

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