martes, 20 de febrero de 2018

Compartiendo la vida - Nuestro Paraguay

Hace 27 años, un 19 de febrero, llegábamos a Paraguay, recién casados, para hacer una experiencia laboral de unos años, pensando que serían unos 4 o 5 años, y después volver a nuestra tierra, o estar más cerca.

Conocíamos muy poco de Paraguay, yo había estado trabajando dos meses, un tiempo antes de casarnos, pero eso no cambiaba mucho la situación; veníamos con mucha ilusión a comenzar nuestra vida matrimonial, con toda la audacia de nuestra juventud, teníamos toda la vida por delante.

Nuestros primeros vínculos fueron dos matrimonios que ya conocía de Argentina, mis compañeros de trabajo y los compañeros de estudio de mi esposa, extrañábamos sobre todo nuestra familia; pero estamos seguros que este inicio de nuestra vida matrimonial lejos de la familia, nos ayudó a consolidarnos como matrimonio y luego como familia, sólo nos teníamos el uno al otro, y así fuimos construyendo nuestra propia identidad matrimonial y familiar. 

Desde un principio nos sentimos acogidos con esa hospitalidad tan propia del paraguayo, que nos hizo sentir en casa, fuimos cultivando muchos vínculos en diferentes ámbitos, algunos se consolidaron al punto de considerarlos parte de nuestra familia; en este proceso de vincularnos, tuvo un rol muy importante nuestra incorporación al Movimiento de Schoenstatt, donde fuimos creciendo no solo en nuestra espiritualidad, y en nuestra vida matrimonial y familiar, sino en los vínculos.

Teníamos unos 5 años viviendo en Paraguay y hubo un hecho que nos marcó muy significativamente y fue una vez que nos pidieron agradecer a Dios por algo, y mi esposa agradeció por estar en Paraguay; a partir de ese hecho y de una profunda reflexión, comenzamos a arraigarnos más a esta tierra paraguaya y a su gente, al punto que tomamos la decisión de quedarnos a vivir en Paraguay.

Ya llevamos 27 años viviendo en esta tierra, donde nacieron nuestros cinco hijos, orgullosos de ser paraguayos; y como solemos decir, este es nuestro lugar en el mundo, realmente nos "hallamos" en nuestros querido Paraguay.

Tenemos un deber de gratitud con Dios por habernos conducido a esta tierra, y con todos los que nos han abierto su corazón y nos han hecho un lugar en esta, nuestra tierra paraguaya.

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lunes, 19 de febrero de 2018

Compartiendo la vida - Celebrar

Con mi esposa nos gusta celebrar los acontecimientos importantes de nuestra vida, y celebrarlos en el sentido de alegrarnos por cada acontecimiento, y hacer algo especial para conmemorarlo, para recordarlo, para valorarlo, para dar gracias. 

Es así que celebramos cada mes de novios y de matrimonio, cada cumpleaños y bautismo de nuestros hijos, y otras fechas importantes de nuestra familia chica, nuestra familia grande y nuestra comunidad.

También celebramos los "días de ...", que es tradición celebrar, como el día de la madre, del padre, del niño, de los enamorados, de nuestras profesiones, y algunos más; aunque cada vez más nos sorprendemos de que surgen nuevos "días de ...", aunque algunos no tienen mucho fundamento, pero que poco a poco se van instalando como fechas a celebrar.

Desde hace un tiempo a esta parte vemos cómo se va profundizando el aprovechamiento  comercial de los "días de ...", que siempre existió, pero que ahora pareciera que cada vez más el centro de estas celebraciones pasa por lo comercial, en algunos casos desplazando a la celebración en sí.

Hace unos días celebramos el día de los enamorados, celebración que en los últimos años ha tomado un tinte sumamente consumista, principalmente en las propuestas de la industria gastronómica, que ofrecen cenas románticas con unos precios exorbitantes, pero que tienen una demanda tal que llegan a agostarse las reservas. Claro, nadie quiere quedar atrás en celebrar el amor, al precio que sea; aún cuando a veces la cena romántica no es sólo con la pareja, sino entre un grupo de parejas todas juntas en una misma mesa.

Recuerdo que hace algunos años, cuando esta escalada de precios comenzaba, nuestros hijos celebraron el día de los enamorados, cocinando y cenando en casa, u organizando entre amigos la cena romántica, una alternativa sumamente válida, ya que rescataba lo más importante de la celebración.

Este año con mi esposa nos planteamos cómo celebrar el día de los enamorados, y después de ver las exorbitantes propuestas de los locales gastronómicos y otros, me propuso tener nosotros nuestra cena romántica en casa; y acepté su propuesta.

Puedo decir que fue la mejor celebración del día de los enamorados: cenamos en el balcón de nuestra habitación, cuidadosamente ambientado por mi esposa con la complicidad de nuestros hijos más chicos; un menú en tres pasos preparado por mi esposa -excelente cocinera gourmet-, acompañada por un rico vino, y con un fondo musical que invitaba a bailar, y así lo hicimos.

Con estos comentarios quiero rescatar el sentido de las celebraciones, que el consumismo en el que nos toca movernos no nos quite el espíritu de las celebraciones, que podamos ser creativos, y como solía decir nuestra hija mayor, poder ir contracorriente.

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domingo, 11 de febrero de 2018

Compartiendo la vida - Inspiración

Luego de unos días de comenzar a escribir casi a diario, con mucha libertad, decidí comenzar a publicar mis escritos; sin otra pretensión mayor que compartir algunas ideas, pensamientos, inquietudes, que me van surgiendo casi como inspiración del momento, sin ningún abordaje metodológico, ni proceso de corrección.

Estas notas van surgiendo como una manera de plasmar por escrito esas inspiraciones y compartirlas, como un compartir de la vida, y de lo que va surgiendo.

Cuando comencé a pensar en qué escribir, se me ocurrió que tenía que dar un orden, definir alguna secuencia de temas, por la importancia de los mismos; se me ocurría que tendría que empezar por el principio, por los temas más importantes, por los temas más trascendentes, y traté de hacer como una lista, mentalmente, pero luego decidí dejar paso a la inspiración, asumiendo esto como decía al principio, con mucha libertad.

Es por eso que no me planteo una temática predeterminada, y a veces surgen varios temas en el momento, pero luego son reemplazados por otros al comenzar a escribir, y quedan algunos en el "tintero", que a veces los refloto y otra quedan pendientes, esperando su momento, que puede o no llegar.

Evidentemente que los temas sobre los que me voy inspirando y escribiendo, tienen que ver con mis ámbitos de vinculación, mi vinculación con Dios, mi vinculación con las personas, comenzando por mi esposa, mis hijos, mi familia, y mi vinculación con las cosas, con el trabajo, con la creación.

Pero aun cuando los temas tengan que ver con estos ámbitos, probablemente tampoco haya un hilo conductor en relación con los mismos, a menos que la inspiración así lo sugiera; tal vez más adelante, mirando a la distancia sea posible establecer algún hilo conductor, y ese quizás sea un próximo desafío: encontrar ese hilo conductor entre los escritos que vayan surgiendo.

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jueves, 8 de febrero de 2018

Formando el Equipo - Introducción

Hace algo mas de una semana escribí estas notas que ahora decidí publicar como parte de una serie de notas sobre el tema de la formación del equipo.

Este es uno de los temas en los que siempre puse un énfasis especial, eso no significa que siempre haya tenido éxito, pero es algo que vengo trabajando hace tiempo, y un ámbito en el que he aprendido mucho, en los aciertos y en los errores, en el éxito y en el fracaso, y seguramente continuaré aprendiendo a lo largo del tiempo. 

Después de poner el título a esta nota, le agregué introducción, porque tengo la certeza que no agotaré el tema ahora, preferí agregar introducción y no un número, porque cada nota sobre este tema remarcará algún aspecto de mis vivencias en torno a la formación del equipo; y digo vivencias y no experiencias, porque esto último a veces suena como conocimiento, saber, en cambio yo quiero darle ese sentido de una mirada desde la vida.

A lo largo del tiempo me tocó ser parte de muchos grupos, de trabajar en diferentes ámbitos, y en ese proceso, no siempre fácil, fui percibiendo algunos aspectos que contribuyen a formar el equipo y otros que lo dificultan, tanto desde el punto de vista de quien conduce el equipo, como de los que lo integran, de los proveedores y clientes del equipo (dicho en términos de negocios), y de los terceros al equipo.

Tal vez si tuviera que comenzar por uno de esos aspectos, lo haría por el que tiene que ver con la misión del equipo, para qué estamos, qué haremos, qué se espera de nosotros, y también que esperamos nosotros de este equipo, esto es fundamental ya que da al equipo un sentido de finalidad y también de trascendencia; y lo vincula con un segundo aspecto que es el sentido de pertenencia, tengo que sentirme parte de este equipo, sentir que este es mi lugar, que soy aceptado y valorado con lo que soy y lo que tengo, con mis fortalezas y debilidades, que soy tenido en cuenta y que mis aportes valen, que no da lo mismo que yo esté o no esté en el equipo; y esto nos lleva a un tercer aspecto que es el compromiso, elemento clave para que el equipo funcione como tal, y no es el compromiso del que conduce, o de algunos, sino de todos y cada uno de los miembros, ya que sin este aspecto no se podrá concretar con éxito la misión del equipo,

Para que estos aspectos puedan darse es muy importante la figura de quien conduce el equipo, en el sentido de poder transmitir la misión, y a la vez transmitir el sentido de pertenencia a cada uno, aceptándolo y valorándolo tal cual es.

Estos aspectos son el punto de partida, luego habrá muchos desafíos, y la clave será encontrar el camino para ir superándolos, sabiendo que se aprende también de los errores y los fracasos.

Hay mucho para seguir profundizando sobre este tema, más adelante iré abordando otros aspectos que si bien tienen que ver con el funcionamiento del equipo como tal, forman parte de la dinámica de ir formando el equipo, ya que la formación del equipo no es un hito en la vida del equipo, sino un proceso que se va dando en el desarrollo de la tarea del equipo.

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Compartiendo la vida - Redes sociales

Las nuevas tecnologías, por citar a modo de ejemplo internet, las redes sociales, los smartphones, nos están cambiando la forma de compartir la vida, y esto me lleva a replantearme cómo estoy compartiendo la vida.

Tengo que aclarar que este tema de las redes sociales, me provoca un cuestionamiento profundo, por las situaciones que se generan en torno a ellas.

Por un lado creo que posibilidades que se nos brindan a través de la tecnología, aportan elementos de gran valor, entre ellos: poder relacionarse con quienes están a la distancia, retomar contacto con personas con quienes el tiempo y la distancia nos ha alejado, difundir buenas noticias, textos de reflexión, ideas, etc. 

Pero por otro lado me preocupa como estos medios pueden provocar entre otros aspectos: cierta adicción -que muchas veces se manifiesta en parejas o grupos de personas que están juntos pero cada uno conectado con su smartphone, pero sin cruzar miradas o palabras-, snobismo, superficialidad en las vinculaciones -sensación de estar vinculado con todo el mundo pero sin ninguna profundidad-, difusión de noticias falsas.

En cuanto a mi situación personal, reconozco que me llevó un buen tiempo habilitar mis cuentas en las redes sociales, y cuando lo hice no estaba muy convencido, pero tenía la percepción que debía hacerlo, para poder hablar sobre el tema.

Ahora bien, que tenga mis cuentas habilitadas no significa que participe activamente, en donde más participe es en Facebook, haciendo algunas publicaciones y comentando otras, y tal vez la mayor utilidad que le encontré fue como recordatorio de cumpleaños, la verdad es que me cuesta mucho seguirlo; en Twitter, después de mucho tiempo hice dos publicaciones, muy celebradas por mi esposa y mis hijos.

Actualmente no soy un usuario muy activo, no me molestan, pero tampoco las uso con intensidad, aprovecho lo que creo que me pueden brindar, sin tener ningún tipo de dependencia, al punto que puedo pasar mucho tiempo sin acceder, y no por ello tengo la sensación de que me estoy perdiendo algo; aunque si creo que podría aprovecharlas más.

Lo que me preocupa cada vez que accedo a una de estas redes, es que me dispersan mucho, me entero de muchas cosas, la mayoría de ellas irrelevantes, y siento que es una gran pérdida de tiempo, me quitan del foco; tal vez tenga que aprender a usarlas sin perder el foco.

En este ir compartiendo la vida con una mirada a las redes sociales, tal vez los desafíos que se me plantean sea poder aprovecharlas más, y no perder el foco.

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martes, 6 de febrero de 2018

Compartiendo la vida - Mi ciudad natal

Nuevamente estoy en Coronel Suárez, mi ciudad natal, de visita unos días como cada año en los últimos 27 años, en que al menos una vez al año venimos en familia a visitar a mis padres -desde hace tres años sólo a mi mamá- y mis hermanos y sobrinos, y también a reencontrarme con mi historia, con la tierra que me vio nacer y crecer.

El sentido de estas visitas es fundamentalmente el encuentro familiar, el poder tener un momento en el año en el que poder compartir junto a ellos, compartir como familia grande, enriquecernos con ese vínculo, que nos une a nuestras raíces, que nos enlaza con la historia familiar.

Si bien el sentido de nuestras visitas es ese encuentro familiar, el entorno hace que sea también un volver a revivir muchos recuerdos, vinculados a las personas, a los lugares, a los acontecimientos vividos, a esas vivencias y experiencias que fueron marcando mi vida desde el comienzo.

En estas visitas periódicas surgen los encuentros espontáneos, muchas veces con personas que hace mucho tiempo que no veía y, con quienes he compartido momentos importantes de mi vida; y afloran los recuerdos, las anécdotas, y junto a ellos vienen a la memoria las personas, las circunstancias, lo que fue marcando la vida.

Y a la par de los encuentros con las personas, están las recorridas por lugares vinculados a mi historia de vida, que puedo compartir con mi esposa y con mis hijos, recordando acontecimientos, personas, aprendizajes; es como poder compartir un poco más la vida con ellos a través de ese revivir de mi historia personal, que muchas veces se repite.

Una experiencia gratificante es ver la dinámica que va tomando mi ciudad natal, nuevos profesionales que llegan, nuevos emprendimientos, el crecimiento de la ciudad y en particular de los diferentes barrios, que no son sólo recuerdos, sino que también son proyección.

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lunes, 5 de febrero de 2018

Compartiendo la vida - Viajando

Haciendo una mirada retrospectiva a mi historia personal, puedo decir que mi vida ha estado signada entre otras cosas por los viajes, y esa característica se ha mantenido en el tiempo, abarcando desde hace algunos años a mi matrimonio y mi familia.

Durante mi infancia, viajábamos casi mensualmente desde mi ciudad natal Coronel Suárez a visitar a mis abuelos maternos y la familia de mi mamá a la ciudad de Tandil distante unos 300 km., y casi con la misma frecuencia a Bahía Blanca distante unos 200 km. a visitar a mi abuela paterna y posterior a su fallecimiento a la familia de mi papá o por razones laborales de papá. Estos viajes se mantuvieron prácticamente hasta que terminé mis estudios secundarios, con lo cual concluyó una etapa intensa de viajes, en los que puedo decir que aprendí a viajar, a entretenerme junto a mis hermanos durante los viajes; y también en los últimos años a disfrutarlos de otra manera, ya que eran parte del entrenamiento de conducción, y puedo decir que prácticamente aprendí a conducir en la ruta.

Durante los casi 5 años de mis estudios universitarios, en Bahía Blanca, continué viajando al menos una vez a Coronel Suárez, esta vez mi situación de estudiante universitario, me llevó a viajar a muchas veces a dedo, esperando que alguien se compadeciera y me llevara, con bastante éxito; siendo la segunda opción el tren y en última instancia el bus, que era más costoso; todas estas experiencias fueron muy interesantes, si bien no soy muy sociable, tuve muchas oportunidades de compartir en estos viajes.

Cuando terminé los estudios universitarios, mis obligaciones laborales me llevaron a viajar semanalmente entre Coronel Suárez y Bahía Blanca, en general lo hacía en bus, pero si lo perdía tenía que viajar a dedo, y algunas veces en auto cuando conseguía alguien que viajaba, también lo hice en un auto que me habían prestado. Esta etapa de viajes tenía algo especial, en Bahía Blanca estudiaba mi novia, y viajar era la oportunidad de poder encontrarme con ella, y muchas veces acompañarla desde Bahía Blanca a su ciudad natal, Coronel Dorrego, a una distancia de unos 100 km. Tiempo muy especial de vivencias y experiencias, en los que comenzamos a ir compartiendo nuestra vida entre viaje y viaje ... viajando.

Al cabo de un año de vida laboral y de noviazgo, decidimos casarnos, e irnos a vivir a Asunción, Paraguay, un poco más lejos, a unos 1.700 km. de distancia de nuestras ciudades de origen, con lo cual desde el comienzo de nuestra vida matrimonial y luego familiar, viajamos al menos una vez al año a visitar a nuestras familias; a medida que fue creciendo la familia, fue cambiando la dinámica de nuestros viajes, que fueron siempre una oportunidad de compartir, de conversar, de divertirnos, de pasarla bien.

Realmente nuestros hijos siempre se han portado muy bien en los viajes -más allá de algún berrinche- y han aprendido a disfrutar de los viajes en familia, tanto que muchísimas de nuestras anécdotas familiares están relacionadas con los viajes, con las cosas que hemos hecho, los juegos originales, las canciones inventadas, el conjunto musical de hermanos, los inventos de mamá, los problemas matemáticos de papá; y fuimos pasando por las etapas en que nos atendíamos a nuestros hijos en cada parada, a las etapas en que nuestros hijos mayores atendían a sus hermanos menores.

Seguramente seguiremos viajando mucho tiempo, ya que nuestra pertenencia al Instituto de Familias, nuestras actividades apostólicas como educadores, y mi trabajo actual también nos llevan a viajar periódicamente; y vamos intercambiado entre el auto, el bus y el avión, experiencias distintas, que siempre se renuevan, pero a las que hay que ponerles el espíritu de viajeros.

Esta situación de estar viajando con mucha frecuencia, me ayuda a tener esa percepción de sentirme un poco ciudadano del mundo y no de un lugar determinado, y también a sentirme de alguna manera un peregrino en este mundo, entre viaje y viaje ... Viajando.

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sábado, 3 de febrero de 2018

Compartiendo la vida - Mirando hacia atrás

Hace muchos años conocí una hermosa chica bastante más joven que yo -casi una niña-, que seria el amor de mi vida -después supe que ella ya me conocía, y que no le había caído bien-, en ese momento me cautivó, pero todavía no era nuestro tiempo; tuve que esperar poco más de un año, y a partir de allí se fueron dando las circunstancias para que podamos iniciar un camino juntos.

Nuestro inicio fue un largo caminar conversando sobre cada uno, sobre nuestros anhelos, sobre la vida; tanto conversamos que yo pensaba que ya no hacían falta mas palabras ... asi comenzamos nuestro noviazgo, casi con la certeza de que éramos el uno para el otro, que ese camino que comenzábamos nos llevaría a compartir nuestras vidas para siempre.

Tuvimos un noviazgo de un año y quince días, que para algunos puede ser muy poco tiempo; nosotros no nos planteamos si fue corto o no,  cuando las circunstancias de la vida a través de una propuesta laboral nos presentaron la posibilidad de casarnos, nos animamos a emprender este proyecto.

En ese tiempo las comunicaciones eran muy diferentes a las del tiempo actual: tener una linea telefónica en la casa no era algo tan común, había algunos pocos teléfonos públicos que funcionaba con cospeles -especie de monedas con ranuras-, los celulares e internet recién comenzaban y no estaban disponibles en forma masiva, por supuesto no había redes sociales ni servicios de mensajería electrónica; se utilizaba el correo postal (no el e-mail) y las cartas podían demorar una semana con suerte.

Durante nuestro noviazgo, durante la semana, por cuestiones laborales estaba algunos días en una ciudad diferente a donde vivía mi novia y para comunicarnos lo hacíamos a través de algún teléfono público -había que conseguir alguno que funcionara bien-; y durante dos meses, también por cuestiones laborales estuve en Paraguay, mientras mi novia estaba en Argentina, durante ese tiempo nuestras comunicaciones eran por carta y por teléfono una vez por semana o cada quince días, nos extrañábamos, pero era lo que había en esa época.

Tuvimos la gracia de poder vivir un lindo noviazgo, en el que paso a paso nos fuimos preparando para la vida matrimonial, tal vez muy intuitivamente, no sé si lo hicimos de la mejor manera, pero nos sirvió de preparación y de fundamento a nuestra vida matrimonial. En ese tiempo fuimos buscando valores compartidos y proyectando en común muchos aspectos de nuestra vida, otros los fuimos trabajando una vez que habíamos iniciado nuestra vida matrimonial. Pero por sobre todo teníamos claro que nuestro amor era para siempre, y esa convicción, de la mano de la gracia de Dios, es la que nos permitió ir creciendo y superando los momentos difíciles ... y ya llevamos 27 años de matrimonio.

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viernes, 2 de febrero de 2018

Compartiendo la vida - 27 años ... Gracias

A mi esposa

Hace 27 años, un 2 de febrero de 1991 -el 1° nos habíamos casado por civil-, comenzamos nuestra vida matrimonial, con mucha ilusión, con muchos anhelos, pero sobre todo con mucho amor, con el amor que nos había llevado a dar ese paso y con la certeza de que dependía de nosotros cuidar, conservar y hacer crecer ese amor ese amor que nos unía, para que pueda perdurar en el tiempo.

Eramos muy jóvenes y asumimos el desafío no sólo de iniciar nuestra vida matrimonial, sino también de hacerlo lejos del lugar donde nacimos, en Paraguay, donde nos sentimos muy acogidos, y podemos decir con certeza que Paraguay es nuestro lugar en el mundo, el lugar donde hemos vivido toda nuestra vida matrimonial, y del que nos sentimos parte, la patria de nuestros hijos, que es también nuestra patria.

A lo largo de estos años tuvimos nuestros momentos buenos y también nuestros momentos no tan buenos, hemos pasado por dificultades y las hemos superado, seguimos teniendo muchos desafíos por delante, mucho por crecer, pero por sobre todo seguir manteniendo la frescura y la lozanía del amor de nuestros inicios, acrisolado con las vivencias cotidianas.

Como fruto de nuestro amor, y de la bondad, generosidad y confianza de Dios, recibimos el regalo de nuestros cinco hijos, a quienes -con nuestros aciertos y errores- les entregamos lo mejor de nosotros, nuestro amor, nuestra guía, nuestro tiempo; tratamos de acompañarlos para que pudieran crecer como hijos de Dios, que pudieran ser personas libres, que pudieran forjar sus propias vidas. Hoy nuestros hijos van creciendo y buscando cada uno su camino.

Hoy quiero dar gracias en primer lugar a Dios por el regalo de nuestro amor conyugal, por estos 27 años de vida en plenitud, por el regalo de nuestros hijos, por todo lo que hemos podido construir juntos -muchas veces a pesar de nosotros mismos-, por su conducción paternal y providente que nos fue llevando por el camino de la vida en este tiempo, poniendo en nuestro camino instrumentos que nos acompañaron y nos ayudaron a crecer.

También quiero dar gracias a nuestros padres que nos apoyaron desde el principio, cuando decidimos iniciar este camino siendo todavía muy jóvenes, y que siempre estuvieron a nuestro lado en todo momento; y gracias a todos esos instrumentos que nos acompañaron durante estos años, con su cercanía y con su ejemplo y nos ayudaron a crecer y consolidar nuestro matrimonio.

Este agradecimiento va también a nuestros hijos, cada uno desde su originalidad nos ayudó a crecer, nos regaló su amor, y fueron y siguen siendo quienes nos acompañan cada uno desde su lugar en este desafío de seguir creciendo.

Pero por sobre todo quiero dar gracias a Leti -Daniela- mi esposa, por su amor incondicional, por ser mi novia, esposa, amante, amiga, compañera, confidente, por su compañía y su paciencia, por apoyarme en todo, por valorarme aún en las pequeñas cosas ... gracias por estos 27 años de compartir la vida ... gracias por aceptar este desafío de compartir la vida para siempre ...

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